Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 dic. 2009

Feliz Año Nuevo 2010. Dando Color al Mundo

No quiero verte atrapada,

No quiero verte atrapada,
atravesada por un alfiler,
como una mariposa disecada.
Mi voluntad es que vueles,
que vayas a libar las flores
cómo sólo lo hacen
las mariposas....

No puedes renunciar a ser amada
como sólo tú, Princesa, amas.
Ni que dejen de palparte las caricias
en lugar de tantas palabras.

Tienes que tener ojos que te pregunten
y no una mirada que se escapa.
Debes buscar alguien que te conteste
y que ponga su cabeza en tu regazo,
que tus manos tengan las suyas
eternamente cálidas entre sus palmas,
que sus dedos reconozcan tus cabellos,
uno a uno, como los días del año.

Esa es mi prueba de amor:
No quiero verte aquí atrapada,
encerrada en esta imaginaria crisálida;
que lo que quiero es que seas amada
como sólo tú, Princesa, amas...

MESTISAY: Maspalomas y tú - Tiempo de Gran Canaria

Princesa - Joan Manuel Serrat

JOAQUIN SABINA - PERO QUE HERMOSAS ERAN...

Lucho Gatica Besame Mucho

Por la aridez de las arenas y la retama,


Por la aridez de las arenas y la retama,

discurría ayer y ahora tu camino

hacia el milagro transparente del agua.

¿No es acaso ella misma, el agua,

la que riega la tierra endurecida

y late en el aliento mudo de la savia?

¿No restaña la aridez infinita del desierto

con oasis de palmeras frondosos?

Agua pides, agua, extenuada y sedienta.

Agua que no apague tu pasión.

No la del inabarcable océano,

ni la del anchuroso río grande,

siquiera la del susurrante arroyo,

o la remansada de las fuentes;

más profundo aún:

pides agua elemental y sencilla,

resumida en cristal, agua mínima y breve,

agua que, gota a gota, te refresque.

Agua que te sepa a escarcha de amaneceres,

a alborozo de pinares en claridad de atardeceres,

agua que te sepa a labios, agua profunda de quereres.

(Jose 15/08/04)

19 dic. 2009

a Las 5 de la Tarde

A las cinco de la tarde. LA COGIDA Y LA MUERTE: F. García Lorca
mikel.orrantia 26-08-2008 GTM 1 @ 20:18
A las cinco de la tarde. LA COGIDA Y LA MUERTE. Federico García Lorca

COLABORACIONES

Salud.
Termina el día, me tomo un respiro, veo una película - documental 'a las cinco de la tarde', sobre Afganistán, que me impresiona por lo que enseña y, sobre todo, por lo que deja entrever de su realidad terrorífica... Y, han finalizado las fiestas de Bilbao, y los toros... De la peli me quedo finalmente con el impresionante poema de García Lorca que relaciona ambas situaciones y la España gris y roja, de sangre, que quizá pervive malgrée nous, a nuestro pesar... Y te le envío para que disfrutes de un rato de ocio cultural y de reflexión. Con tu permiso y mis respetos...
Un abrazo. Agur.
Mikel Orrantia

Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Federico García Lorca.

LA COGIDA Y LA MUERTE

Federico García Lorca, 1934

A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en Punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

cita del LIBRO: Incluido en Romancero Gitano - Poeta en Nueva York - Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Prólogo de Núria Espert. Ilustraciones de Federico García Lorca. 5ª Edición abril de 1998 - EDITORIAL ÓPTIMA. - Barcelona (España)
http://www.poesia-inter.net/index228.htm

FELIZ NAVIDAD

FELIZ NAVIDAD

17 dic. 2009

LA HOSTIA

Reconozco que, cuando me enteré del tremendo ataque sufrido por Silvio Berlusconi, lo primero que pensé fue: "Se le ha caído el pelo al pobre hombre, por un repente", y no me refería al líder recién despojado de su sonrisa. A continuación, me dije: "Qué bestialidad. Con lo fácil y pacífico que sería no votarle, y punto". En todo caso, habría que abofetear a quienes lo pusieron y mantuvieron en el poder, urnas mediante. Lo cual resultaría imposible, por demasiado ambicioso, violentamente hablando.

La noticia en otros webs
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Enseguida, otro pensamiento me sobrejodió (pues el asunto era super jodiente, o cogiente, en términos del Cono Sur), y toda yo grité: "¡Oh, cielos! ¿Estará disponible el doctor Chams?". Supongo que no ignoran ustedes que dicho hombre mágico se encarga de los estiramientos, arreglos, botulencias, plastolancias y otros siniestros que acostumbran a tener como escenario la airosa figura del ex vocalista de cruceros.

No crean que debió de resultar fácil encontrar libre al doctor Chams. Aparte de atender su clínica en París, el tipo lo mismo estira a las grandes de España que a las grandes de Jordania, e incluso tiene tiempo de hacer obras de caridad con desconocidas -no sé si a 2.000 euros la hora-, generalmente aburridas amas de casa del Eixample, a quienes convierte en copias pleibiscíticas de Camila Parker-Bowles. No dudo que lo postergó todo por Berlusconi, como suele hacer cuando el italiano le requiere porque tiene campaña presidencial por delante y necesidad de sonreír con convicción. Si nos llegan a pegar a usted o a mí, a saber si el Seguro nos cubre una cara nueva.

Hay líderes a los que se asesina (los Kennedy, Olof Palme, Martin Luther King) y otros a los que se agrede levemente (Reagan, Bush Jr., Berlusconi). También podría ser que no existiera Dios. O que sí.

16 dic. 2009

Joaquin Sabina: Contigo

No Puedo evitarlo

No puedo evitarlo: los domingos me pongo melancólico. Más todavía. Es superior a mis fuerzas. Y es que sucede que me acuerdo de ti, ahora que es imposible que volvamos si quiera a vernos. Impotencia, lo llaman.

Y me acuerdo, digo, porque los domingos eran menos tristes contigo. Menos domingos, vaya. Entonces, recuerdo, solíamos escuchar esta canción de Sabina, sin entender la letra. "El amor nunca hace daño", decías ingenua. Y yo asentía. Cómo no hacerlo, si estaba contigo. Si dormía en una nube.

Fuimos dos ciegos enamorados. Dos suicidas que quisieron morir de amor, y se salvaron a última hora. Inválidos el uno del otro.

Y ahora, vivito y nostálgico, escucho de nuevo esta canción, tirado sobre la cama, y los muelles se me clavan en la espalda. Y resulta que ya no tengo 18, sino 25.

Y sé, entiendo el significado de su letra. Pero no puedo explicártelo. No debo.

Eso te toca descubrirlo a ti.

Lo que sé sobre toros y toreros

Hace cosa de un mes, por una de esas emboscadas que a veces te montan los amigos, anduve metido en pregones y otros fastos taurinos sevillanos. Fue agradable, como lo es todo en esa ciudad extraordinaria; y quedé agradecido a la gente de la Maestranza, amable y acogedora. Pero todo tiene sus daños colaterales. Ayer recibí una carta desde una ciudad donde cada año, en fiestas, matan a un toro a cuchilladas por las calles, preguntándome con mucha retranca cómo alguien que se manifiesta contrario a la muerte de los animales en general, y a la de los toros en particular, habla a favor del asunto. También me preguntan, de paso, cuánto trinqué por envainármela. Y como resulta que hoy no tengo nada mejor que contarles, voy a explicárselo al remitente. Con su permiso.

En primer lugar, yo nunca cobro por conferencias ni cosas así; considérenlo una chulería como otra cualquiera. Las pocas veces que largo en público suelo hacerlo gratis, por la cara. Y lo de Sevilla no fue una excepción. En cuanto a lo de los toros, diré aquí lo que dije allí: de la materia sé muy poco, o lo justo. En España, afirmar que uno sabe de toros es fácil. Basta la barra de un bar y un par de cañas. Sostenerlo resulta más complejo. Sostenerlo ante la gente de la Maestranza habría sido una arrogancia idiota. Yo de lo único que sé es de lo que sabe cualquiera que se fije: animales bravos y hombres valientes. El arte se lo dejo a los expertos. De las palabras bravura y valor, sin embargo, puede hablar todo el mundo, o casi. De eso fue de lo que hablé en Sevilla. Sobre todo, del niño que iba a los toros de la mano de su abuelo, en un tiempo en que los psicoterapeutas, psicopedagogos y psicodemagogos todavía no se habían hecho amos de la educación infantil. Cuando los Reyes Magos, que entonces eran reyes sin complejos, aún no se la cogían con papel de fumar y dejaban pistolas de vaquero, soldaditos de plástico, caballos de cartón y espadas. Hasta trajes de torero, ponían a veces.

Aquel niño, como digo, se llenó los ojos y la memoria con el espectáculo del albero, ampliando el territorio de los libros que por aquel tiempo devoraba con pasión desaforada: la soledad del héroe, el torero y su enemigo en el centro del ruedo. De la mano del abuelo, el niño aprendió allí algunas cosas útiles sobre el coraje y la cobardía, sobre la dignidad del hombre que se atreve y la del animal que lucha hasta el fin. Toreros impasibles con la muerte a tres centímetros de la femoral. Toreros descompuestos que se libraban con infames bajonazos. Hombres heridos o maltrechos que se ajustaban el corbatín mirando hacia la nada antes de entrar a matar, o a morir, con la naturalidad de quien entra en un bar y pide un vaso de vino. Toros indultados por su bravura, aún con la cabeza erguida, firmes sobre sus patas, como gladiadores preguntándose si aún tenían que seguir luchando.

Así, el niño aprendió a mirar. A ver cosas que de otro modo no habría visto. A valorar pronto ciertas palabras –valor, maneras, temple, dignidad, vergüenza torera, vida y muerte– como algo natural, consustancial a la existencia de hombres y animales. Hombres enfrentados al miedo, animales peligrosos que traían cortijos en los lomos o mutilación, fracaso, miseria y olvido en los pitones. El ser humano peleando, como desde hace siglos lo hace, por afán de gloria, por hambre, por dinero, por vergüenza. Por reputación.

Pero ojo. No todo fue admirable. También recuerdo las charlotadas, por ejemplo. Ignoro si todavía se celebran esos ruines espectáculos: payasos en el ruedo, enanos con traje de luces, torillos atormentados entre carcajadas infames de un público estúpido, irrespetuoso y cobarde. Nada recuerdo allí de mágico, ni de educativo. Quizá por eso, igual que hoy aprecio y respeto las corridas de toros, detesto con toda mi alma las sueltas de vaquillas, los toros embolados, de fuego, de la Vega o de donde sean, las fiestas populares donde un animal indefenso es torturado por la chusma que se ceba en él. Los toros no nacen para morir así. Nacen para morir matando, si pueden; no para verse atormentados, acuchillados por una turba de borrachos impunes. Un toro nace para pelear con la fuerza de su casta y su bravura, dando a todos, incluso a quien lo mata, una lección de vida y de coraje. Por eso es necesario que mueran toreros, de vez en cuando. Es la prueba, el contraste de ley. Si la muerte no jugase la partida de modo equitativo, el espectáculo taurino sería sólo un espectáculo; no el rito trágico y fascinante que permite al observador atento asomarse a los misterios extremos de la vida. Sólo eso justifica la muerte de un animal tan noble y hermoso. Ahí está, a mi juicio, la diferencia. Lo demás es folklore bestial, y es carnicería.

Gibraltar inglés

Los guardias civiles son inocentes como criaturas. Tanto golpe de tricornio y bigotazo clásico, y luego salen pardillos vestidos de verde. A quién se le ocurre pedir instrucciones concretas al Gobierno español sobre cómo actuar en aguas próximas a Gibraltar, donde la Marina Real británica lleva tiempo acosándolos cuando sus Heineken se acercan a menos de tres millas del pedrusco, pese a que la colonia no tiene aguas jurisdiccionales. Cada vez que una lancha picolina anda por allí persiguiendo a narcotraficantes y demás gentuza, los de la Navy salen en plan flamenco a decirle que o ahueca el ala o se monta un desparrame, mientras la embajada británica denuncia «inaceptable violación de soberanía». Para más choteo, la marina de Su Graciosa usa boyas con la bandera española en sus prácticas de tiro, a fin de motivarse. Cada vez, nuestros sufridos guardias, «para evitar males mayores y siguiendo instrucciones», no tienen otra que dar media vuelta y enseñar la popa. Y claro. Como el papel es poco gallardo, algunas asociaciones profesionales de Picolandia piden que esas instrucciones se den de forma clara, para saber a qué atenerse. Porque hasta ahora, la única recibida de sus mandos es la de «seguir patrullando por las mismas aguas, pero evitar conflictos mayores». O sea, largarse de allí cada vez que los ingleses lo exijan. Que es cuando a éstos les sale del pitorro.

La verdad. No he hablado últimamente con el ministro Moratinos, ni con el ministro Pérez Rubalcaba. Ni últimamente, ni en mi puta vida. Pero eso no es obstáculo, u óbice, para que desde esta página me sienta cualificado –como cualquiera de ustedes– para despejar la incógnita que atormenta a nuestros picolinos náuticos. ¿Cuándo el ministerio español de Exteriores va a dar un puñetazo en la mesa?, preguntan. Y la respuesta es elemental, querido Watson. Nunca. Suponer a un ministro español dando puñetazos en una mesa inglesa, o somalí, requiere imaginación excesiva. Las instrucciones a la Guardia Civil puedo darlas yo mismo: obedecer toda intimación británica y no buscarle problemas al Gobierno, a riesgo de que los guardias chulitos acaben destinados forzosos en Bermeo, o por allí. Porque si insisten, y los detienen los ingleses, y se les ocurre resistirse a la detención, para qué le voy a contar, cabo Sánchez. Sujétese la teresiana. La instrucción, que ya regía en pleno esplendor cuando gobernaba el Pepé –a ése también se la endiñaban bien–, vale para todo incidente imaginable: desde ametrallamiento de bandera, a copita y puro de la Navy con las zódiacs de los narcos, pasando por submarinos nucleares con tubo de escape chungo y paradas navales con banda de música y majorettes. Por el mismo precio también incluye la opción de desembarco de los Royal Marines de maniobras en las playas de La Línea, como ocurrió hace unos años, y la sodomización sistemática de los agentes del servicio marítimo de la Guardia Civil o de Vigilancia Aduanera a quienes la marina inglesa, al mirarlos con prismáticos, encuentre atractivos. Todo sea por evitar conflictos mayores.

Y ahora, una vez claras las instrucciones –luego no digan que no son concretas–, una sugerencia: podríamos dejarnos ya de mascaradas. De teatro estúpido que ofende la inteligencia del personal, guardias civiles incluidos. Gibraltar no va a ser devuelto a España jamás, y ninguno de los gobiernos pasados, presentes ni futuros de este país miserable, con el Estado sometido a demolición sistemática y los ciudadanos en absoluta indefensión, está capacitado para sostener reivindicación ninguna, ni en Gibraltar ni en Móstoles. Y no es ya que los gibraltareños abominen de ser españoles. En esta España incierta y analfabeta, desgobernada desde hace siglos por sinvergüenzas que han hecho de ella su puerco negocio, lo que desearíamos algunos es ser gibraltareños, o franceses, o ingleses. Lo que sea, con tal de escapar de esta trampa. Huir de tanta impotencia, tanta ineptitud, tanta demagogia, tanto oportunismo y tanta mierda. Largarnos a cualquier sitio normal, donde no se te caiga la cara de vergüenza cuando ves el telediario. Lejos de esta sociedad apática, acrítica, suicida, históricamente enferma.

Podrían dejarse de cuentos chinos. Reconocer que España es el payaso de Europa, y que Gibraltar pertenece a quienes desde hace tres siglos lo defienden con eficacia, en buena parte porque nadie ha sabido disputárselo. Y porque la Costa del Sol, donde los gibraltareños y sus compadres británicos tienen las casas, el dinero y los negocios, se nutre de la colonia; y sin ésta esa tierra sería un escenario más, como tantos, de paro y miseria. Así que declaremos Gibraltar inglés de una maldita vez. Acabemos con este sainete imbécil, asumiendo los hechos. La Historia demuestra que la razón es de quien tiene el coraje de sostenerla. Nunca de las ratas cobardes, escondidas en su albañal mientras otros tiran de la cadena.

13 dic. 2009

ANTONIO MUÑOZ MOLINA IDA Y VUELTA

La muerte de alguien empuja el tiempo de su vida hacia el pasado. Cuando uno va cumpliendo años, ese pasado de los que se han ido empieza a ser el suyo.
Con cada muerte sucesiva una parte de la propia vida se va quedando más lejos, y uno descubre con gradual estupor que tiene recuerdos muy claros de cosas que para muchos otros, más jóvenes que él, están al otro lado de la frontera misteriosa del nacimiento.
Yo no conocí ni a Jordi Solé Tura ni a Pedro Altares, pero sus dos muertes tan cercanas entre sí me han removido la memoria de los tiempos en los que era muy joven y encontraba sus nombres en las revistas del antifranquismo y la transición, el uno en Triunfo, el otro en Cuadernos para el Diálogo, y luego en la actualidad política de aquellos tan convulsos, tan mal recordados.




Ahora me doy cuenta de lo improbable que se ha vuelto alguien como Solé Tura: un militante comunista ilustrado que como tantísimos otros estuvo en el Partido, por usar la mayúscula propia de entonces, en virtud de la muy razonable convicción de que era la fuerza política mejor equipada para ayudar al establecimiento de la democracia; un catalanista comprometido de corazón con un proyecto progresista para toda España: un patriota, en el sentido primitivo y liberal de la palabra.
A las personas más jóvenes y ya plenamente adultas uno tiene a veces que explicarles que no hace demasiados años, antes de que ellos nacieran, la libertad, la cultura y el idioma de Cataluña eran parte de la causa común que defendíamos todos los antifranquistas, aunque viviéramos en Madrid, en Granada o en Jaén, y que esa España siempre enfrentada a los catalanes y permanentemente hostil a ellos es un invento de las castas políticas de ahora.
Jordi Solé Tura era tan uno de los nuestros como Lluís Llach o Salvador Espriu o Comediants. Lo eran más por ser catalanes, y nadie pensaba que su diferencia pudiera alejarlos de nosotros, porque nos enriquecía, formaba parte del gran sueño de pluralismo y gozosa libertad que ambicionábamos por igual para todos, y que parecía tan difícil, tan frágil cuando empezaba a lograrse, cuando estaba a punto de perderse.

"Recuérdalo tú y recuérdalo a otros", dice el verso de Luis Cernuda. Me he acordado de tener veinte años y de esperar cada semana la llegada de Triunfo, cada mes la de Cuadernos para el Diálogo, que era visualmente una revista más austera, con letra apretada, con artículos firmados por personas que para mí estaban muy lejos, en el mundo del periodismo y de los adultos, en aquel Madrid remoto del que las cosas tardaban varios días más en llegar a nuestra provincia.
Pedro Altares era una firma, ni siquiera una cara en una fotografía, el nombre de alguien a quien uno no había visto nunca pero que formaba parte de la misma conspiración a la que uno quería vagamente sumarse.
Ahora parece que todo aquello fue muy fácil, y que no tuvo ningún mérito, un simulacro de democracia concedido por los herederos de Franco y aceptado con mansedumbre y cobardía por quienes no fueron capaces de derribar el régimen. En ese artículo tan lleno de melancolía que dejó escrito antes de morir Pedro Altares invocaba las incertidumbres terribles de aquellos años, la sensación que tuvimos tantas veces de que los partidarios de la negrura y del crimen nos iban a arrebatar las libertades recién logradas y siempre en peligro.
Quien no haya vivido la noche de enero de 1977 en la que se empezó a difundir la noticia del asesinato a quemarropa de los abogados del despacho laboralista en la calle de Atocha difícilmente podrá imaginar el pánico, el sentimiento de derrumbe. Nunca estuvo más claro que los pistoleros que mataban y secuestraban en nombre de la patria vasca o de la España eterna o de la revolución comunista pertenecían a la misma especie de chacales.
Yo me acuerdo de esa noche, muy tarde, en Granada, en un piso de estudiantes pobres, con muebles viejos y pósters de La Pasionaria y del Guernica por las paredes, con mugre de desorden y olor a tabaco negro y a frituras baratas, con ceniceros llenos de colillas y revistas y libros por todas partes, la vida entera pendiente de un hilo, de las informaciones temibles que daba la radio: ahora, retrospectivamente, estaba claro que tan sólo dos meses después el Partido Comunista iba a ser legalizado, y que en junio habría unas elecciones; también se puede predecir con desgana que un año más tarde, a pesar de la crisis económica y de la inflación desbocada, de los asesinatos terroristas casi a diario, del clamor de la extrema derecha por un golpe militar, la constitución entre cuyos redactores estaría Jordi Solé Tura iba a ser aprobada. Pero quién, dentro o fuera de España, habría apostado que pudiera durar; quién no sintió de nuevo, otra noche de invierno, en febrero de 1981, como un aliento frío en la nuca, la irrupción de los mismos fantasmas arcaicos, ahora renovados con imágenes como pesadillas en blanco y negro de los golpes militares tan recientes todavía en América Latina: Chile en 1973, Uruguay en 1974, Argentina en 1976.

No idealizo el pasado; no me abandono a la nostalgia. Hombres como Pedro Altares y Jordi Solé Tura tuvieron la mezcla de imaginación política y de templanza necesaria para creer en la viabilidad de un sistema democrático en el que hubiera sitio para todos, pero muchos de nosotros tardamos en aceptarlo de verdad.
Nos habíamos rebelado contra la dictadura, pero en realidad no éramos demócratas. Nuestros amigos comunistas habían obedecido a regañadientes la consigna de acatar la bandera roja y amarilla y la monarquía, pero en las asambleas universitarias lo que se debatía alucinadamente era la dictadura del proletariado o la superioridad del modelo chino o el modelo cubano, la vigencia del proyecto de revolución mundial de Trotski o la dudosa posibilidad del tránsito al socialismo desde la legalidad burguesa.

Fue la democracia la que nos hizo poco a poco demócratas; empezamos a serlo en 1977, quizás lo fuimos del todo por primera vez la noche del 24 de febrero de 1981, cuando nos echamos a la calle en una fraternidad provocada de golpe por la conciencia de lo que habíamos estado a punto de perder.

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. En la mañana de diciembre en que leo en el periódico la muerte de Pedro Altares una cola larguísima de gente apacible y festiva aguarda turno para visitar el Congreso de los Diputados, abierto al público en el aniversario de la Constitución.
La cola se extiende por el paseo del Prado y la calle de Alcalá hasta la esquina del Círculo de Bellas Artes. Me doy cuenta de que hasta ahora no había pensado de verdad en el doble imperativo que hay en el verso de Cernuda: tan necesario como el recuerdo es el deber civil de contar lo que uno vio con sus propios ojos a quienes han venido después. En 1977, personas como Pedro Altares y Jordi Solé Tura estaban haciendo posible este tiempo presente, esta mañana de diciembre.

Gaivotas y Carlos

La gaviota que escucha a Manuel Rivas

La gaviota que escucha a Manuel Rivas
Manuel Rivas leyó ayer su discurso de ingreso en la Real Academia Gallega y mientras lo hizo, en el Paraninfo de la Universidad de A Coruña, que fue una antigua fábrica de armas, vimos que le escuchaba una gaviota. Atenta, aupada en una de las farolas del paseo marítimo coruñés, la gaviota era parte de un paisaje bellísimo: detrás de donde habló Rivas, el mar, los barcos de recreo, los contenedores, una mañana muy feliz de Galicia, sol, aire limpio.
El escritor llegó al sitio con un tojo que le había traído su hermano Paco del monte, hizo su discurso, una excursión emocionante por la historia literaria de su pueblo, asustado a veces por el drama de la historia, y firme siempre su reivindicación de la salud y la libertad como modos de vivir en la tierra. Su asunto era A boca da literatura.
Memoria, ecoloxía, lingua, y su propósito era narrar la raíz de su propia literatura a partir de la vida y la literatura de los que le han precedido. Rivas convierte la memoria de los que le precedieron en la memoria propia, y de ello, de esa experiencia que tiene raíces ancestrales, en la antigüedad de su pueblo, de su país y de su familia, ha hecho una gran literatura emocional, que se agarra a los riscos de Galicia tanto como se agarra al alma con la que vive.
El académico que le respondió, Xosé Luis Axeitos, dijo que Los libros arden mal es el libro en el que Rivas vuelca lo mejor de sí, la novela que lo representa como poeta, como escritor, como gallego y como ser humano, uno de los más nobles tipos que yo he conocido en mi ya larga vida de acompañante de escritores. Y es cierto, esa novela, que tiene más de setecientas páginas, indaga sobre el momento en que se interrumpe la libertad en Coruña, comienza la guerra civil y se inicia la persecución de los hombres y de su más preciado alimento, las ideas, la palabra, la cultura. Rivas quiso hacer este acto de ayer en la cárcel coruñesa, que tanto tiene que ver con ese símbolo y que durante un tiempo fue también paisaje del escritor.
Finalmente la Academia no pudo disponer de esas instalaciones penitenciarias y convirtió el hermoso paisaje del Paraninfo en el lugar donde el autor de La lengua de las mariposas congregó a sus antepasados literarios y familiares, y donde se juntaron sus amigos, sus lectores y lectoras, sus familiares más cercanos, y los académicos que le dieron la bienvenida al más joven de los miembros de esta docta institución.
La excursión que hizo Rivas por la historia personal y literaria que le vincula hondamente con su pueblo levantó de sus sillas a los concurrentes. Esta mañana le escribía Anton Reixa a Manolo en su columna de Xornal, el periódico gallego: "Eu, Manolo, tiven unha visión epifánica da sombra curvadamente orgullosa de Lois Pereiro polo corredor daquel andar madrileño do Paseo de Extremadura e do brillo nos ollos e a dozura da tua irmá María na Porta Faxeiras mostrándome un dos teus primeiros artigos no Ideal Gallego".
Muchos tenemos esa imagen de María, y de sus padres, y de Isabel y de sus hijos, de los numerosos hermanos de Isabel Mariño, la esposa de Manuel, y muchos tenemos esa imagen fresca, comprometida, humilde y generosa, fuerte, que a lo largo de los años, y ya tiene más de medio siglo, han convertido a Rivas en un escritor inspirado que inspira. Cuando acabó el acto, un joven vino a saludarme, y yo apunté en una esquina del libro que reproduce el discurso lo que el muchacho me dijo mirándome a los ojos: "Este es un momento histórico".
Lo comenté con José Luis Cuerda, el director de la versión en cine de La lengua de las mariposas, cuyo guión es también de Rafael Azcona. Y Cuerda me dijo: "Pues tiene razón ese chico, tuve esa misma sensación mientras estaba en el Paraninfo, que este es un momento histórico". Le comenté a Rivas aquella anécdota de la gaviota sentada, tan atenta a su discurso. Y cómo él había hablado en su discurso de lo importante que es escuchar me dijo: "A lo mejor estaba escuchando el mar".

Cuando España pecó en el Sahara

No es seguro que Aminetu Haidar logre su objetivo de volver a El Aaiún, pero es evidente que ha conseguido situar en el primer plano de la actualidad el conflicto del Sáhara Occidental. Se trata de un problema incómodo para España desde que, en 1975, el último Gobierno de Franco decidió abdicar de sus compromisos en el territorio y abandonarlo en manos de Marruecos y Mauritania. A día de hoy, el Sáhara Occidental es, según Naciones Unidas, el último territorio de África por descolonizar. Y el Estado español mantiene en él claras responsabilidades legales.

Un juzgado de Las Palmas valida la actuación policial en el 'caso Haidar'


Tras 18 años, la ONU no ha celebrado el referéndum de autodeterminación

La comunidad internacional no reconoce la soberanía marroquí
La relación de España con el Sáhara se remonta nada menos que a 1884. Aquel año, Antonio Cánovas envió una expedición que levantó el primer asentamiento español en Villa Cisneros (actual Dajla). El territorio estaba habitado por tribus nómadas, cuyas caravanas recorrían el desierto en busca de pastos para sus animales o comerciando con la sal que obtenían en los yacimientos de Iyil (hoy en Mauritania). Los militares que en las décadas sucesivas fueron destinados a aquel trozo de desierto propiciaron un proceso de sedentarización. En 1934 fundaron la ciudad de El Aaiún.

El territorio gozó de relativa paz hasta que Marruecos obtuvo la independencia. En 1957, bandas armadas inspiradas por el entonces príncipe heredero, Mulay Hassan, que más tarde reinaría como Hassan II, atacaron las fortificaciones españolas. Francia vio en aquellos guerrilleros un peligro para su colonia de Mauritania, y decidió ayudar a Franco a exterminarlas. Fue el primer intento del Gobierno de Rabat para apoderarse del Sáhara.

El segundo -y, por ahora, definitivo- intento se produjo el 6 de noviembre de 1975. Hassan II lanzó a 350.000 civiles marroquíes sobre la frontera norte del territorio. Era la Marcha Verde. Franco agonizaba y su Gobierno, presidido por Carlos Arias Navarro, no supo afrontar el doble reto que le lanzaban el monarca alauí y los independentistas saharauis del Frente Polisario, que desde hacía dos años hostigaban a las tropas españolas. Arias firmó con Marruecos y Mauritania los llamados Acuerdos de Madrid, por los que España abandonaba el territorio y lo dejaba en manos de estos dos países. El 28 de febrero de 1976 fue arriada la última bandera española en El Aaiún.

La ocupación se produjo a sangre y fuego. Cientos de civiles saharauis fueron masacrados con bombas de napalm y fósforo blanco mientras intentaban huir hacia Argelia. El Polisario se estableció en Tinduf, al sur de este último país, y durante 16 años combatió a los invasores. En 1979 logró que Mauritania le devolviera la parte del territorio que ocupaba, pero Marruecos la invadió inmediatamente. Bajo los auspicios de Naciones Unidas, ambos contendientes firmaron un alto el fuego en 1991.

El compromiso alcanzado con la ONU consistía en celebrar un referéndum de autodeterminación. Con ese fin, Naciones Unidas envió al territorio una fuerza de paz: la Minurso (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental). Desde el principio, Marruecos torpedeó todos los intentos para llevar a buen puerto la consulta. Para ello contó con el apoyo incondicional de Francia y con el consentimiento de Estados Unidos. Todos los enviados especiales del secretario general de la ONU se han estrellado contra la actitud inamovible de Rabat. A día de hoy, tras 18 años de presencia ininterrumpida en el territorio que han costado cerca de 2.000 millones de dólares, la Minurso no ha logrado celebrar el referéndum. Ni siquiera ha obtenido competencias en materia de derechos humanos; sólo se dedica a observar el mantenimiento del alto el fuego.

Las posturas están claras: Marruecos ocupa el Sáhara Occidental, donde, junto a más de 150.000 colonos marroquíes, habitan unas 70.000 personas de ascendencia saharaui. Desde los campamentos de refugiados de Tinduf, donde viven unos 100.000 saharauis, el Polisario dirige una campaña diplomática internacional para exigir el cumplimiento del referéndum. Y varios miles de saharauis más han engrosado una diáspora que tiene en España y en Mauritania sus principales destinos.

El problema del Sáhara es, probablemente, la última herencia del franquismo no resuelta de la Transición española. En los 34 años transcurridos desde que España abandonó el territorio, los saharauis no han cesado de exigir a España que cumpla con las responsabilidades de las que abdicó en 1975.
Sus reclamaciones tienen base, pues la ONU considera ilegales los Acuerdos de Madrid. El departamento jurídico de la organización dictaminó en 2002 que "los Acuerdos de Madrid no han transferido la soberanía del Sáhara Occidental ni han otorgado a ninguno de los firmantes el estatus de potencia administradora, estatus que España no puede transferir unilateralmente".
Ello es así hasta el punto de que la responsabilidad de salvamento en aguas del Sáhara no corresponde a Marruecos, sino que sigue estando, de iure, en manos de España, según establece la Organización Marítima Internacional.
Éstas son las bases del conflicto del Sáhara, que Aminetu Haidar ha situado en el primer plano de la actualidad.

lA eLEGANCIA DEL eRIZO

Hay libros que parecen inspirados por las hadas, que cautivan al lector con historias aparentemente sencillas y que sin embargo no lo son. Que la complejidad adopte una apariencia simple, delicada, amena e incluso expectante es un trabajo de altura que ha logrado la escritora francesa Muriel Barbery en esta novela.

La Elegancia del Erizo es la crónica de la vida de dos mujeres, una niña y la portera del edificio donde viven, que optan por camuflar su inteligencia, su cultura e inquietudes.
Lo hacen desarrollando el rol que se espera de ellas: el de una niña de 10 años un tanto críptica y el de una portera que se pasa la vida viendo televisión y ejerciendo los tópicos propios de su oficio.
El tratamiento que de ellas hace Barbery es el de dos cenicientas cuyo encanto no reside precisamente en su físico, sino en la riqueza de sus personalidades formadas al margen de los convencionalismos y apoyadas en la cultura.
De ahí la definición de “La elegancia del Erizo” que hace Paloma referida a la señora Michel, “por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes”.

En este cuento las princesas son felices bajo su apariencia insulsa y vulnerable, y no anhelan más que seguir viviendo tranquilas bajo sus caparazones.
Es un punto de partida fantástico, aderezado con reflexiones aparentemente sencillas pero de gran calado intelectual y vital.
Esas páginas son las que van enganchando al lector a una filosofía despojada de artificio y apegada a la vida que aparece en el “diario del movimiento del mundo” y en ese compendio de “ideas profundas”, en el caso de Paloma, la niña; y también en las reflexiones de la portera en torno al cine japonés, la pintura clásica o la literatura rusa; o en su sagacidad para determinar el talante intelectual de una persona por cómo coloca una coma.
Son regalos al lector por su expresión sencilla y “sedosa”, un epíteto por el que comparto gusto con la señora Michel, portera del edificio de la calle Grenelle.

Hay tramos de la novela que recuerdan fabulas muy al estilo de Amelie,(nADA QUE VER)N7UY

0 la película de Jean-Pierre Jeunet, pero esta no es una comedia romántica, ni una historia preciosista sin más.
La novela está llena de matices y no se queda en la superficialidad efectista de cuan listas pueden ser sus protagonistas, sino que sus pensamientos y actos se encuadran en una realidad a la que se analiza y crítica, eso si, lejos de las meditaciones cartesianas y de la fenomenología que tanto desconciertan a la señora Michel.
También hay un importante componente de crítica social, de disección de la nueva burguesía europea que ya empieza a utilizar el disfraz de la progresía, aunque sin demasiado éxito en su afán de disimulo.

Lo cierto es que La elegancia del Erizo se ha convertido en todo un fenómeno editorial potenciado por el boca a boca de los que han degustado sus páginas. Cuando se lee, se entiende porqué.

Dominar el mundo

Dominar el mundo

Les presentamos un adelanto del próximo libro del Dr. Joseph Mabalotti, titulado Cómo dominar el mundo con un blog (sin gastar un duro), después de los éxitos internacionales Cómo hacerse rico con un blog (sin gastar un duro), y Cómo ligar más con un blog (sin gastar un duro). Licenciado por la Universidad de Wisconsi en Psicosociología Neuroatómica y experto en la relación entre Nuevas tecnologías, el Yo Primario y los Ellos Pluriconectados, así como en Onanismos Electrónicos y Mecanismos de Repetición Interactivos. Aquí, el Dr. Mabalotti nos ofrece las claves primeras para dominar el mundo (o si se prefiere una parcela concreta del mismo) con algo tan simple como un blog.


Algunas personas me han pedido consejo sobre un tema que hasta ahora nunca había tratado de forma directa, aunque sí tangencialmente en mis anteriores éxitos editoriales que centraban su atención en ese lucero electrónico que es el blog. Se trata, ni más ni menos, de cómo conquistar el mundo con una herramienta en apariencia tan básica como esta.
Un blog es un arma cargada de futuro, eso sí, y no la poesía, como dijo el poeta con nula visión profética, sobre un arte en franca decadencia. Sí, créaselo, con un blog puede usted alcanzar poder, influencia, tejer una red de partículas humanas que pueda usted manejar a su antojo, para los fines que se haya planteado, sean estos de la bondad y calidad que sean, oscuros y maquivélicos o diáfanos, puros y bienintencionados. Allá usted con sus ideas.
Pudiera ser peligroso este libro de no caer en buenas manos, pero eso ya es algo que no nos incumbe, por incontrolable. Usted, que es un perfecto fracasado, sea buena o mala persona, y cuyo índice de poder está por los suelos, y ya harto de ordenar cosas y que no le hagan caso, podrá levantar cabeza si sigue los consejos que aquí expondré. Será una persona feliz, este libro le hará dichoso, con solo mover un dedo agitará conciencias, desestabilizará gobiernos, ministerios y diputaciones (y no digamos alcaldías), la gente le saludará y besará por la calle y estarán dispuestos a hacer lo que quiera por usted; manifestarse, quemar autobuses, libros, extranjeros, o lo que quiera. Usted decide, por una vez en su vida. Su mujer se plegará a su deseos, nunca más tendrá que soportar como le ordena cambiarse el pantalón porque no está planchado, o esa camisa con el cuello sobado que tanto le gusta. Desde hoy, una vez leído este libro y con paciencia y algo de práctica, podrá usted ser una persona influyente; prepárese para acaparar portadas de periódicos y suplementos dominicales, córtese el pelo, cómprese ropa buena, anote desde ya discursos y frases de aúpa, no deje que el poder y la fama le sorprendan en bragas.
Las tradicionales formas de poder están obsoletas, caballero. Esos señores de traje que se dan mucho la mano en la televisión y sonríen arrugándose los rostros con grandes esfuerzos y de forma tan desagradable tienen los días contados.
El futuro es de individuos como usted que confían en las Nuevas Tecnologías y creen en ellos mismos; el futuro es de individuos inteligentes como usted que no quieren dejar pasar su oportunidad de dominar el mundo, o al menos una parcela de este.
Su momento llegará, solo tiene que seguir mis consejos al pie de la letra. La dificultad que esto entrañará será mínima, pues hasta una criatura de cinco años podría entender y poner en práctica estos sencillos consejos. Si es usted un individuo de cinco años permítame que le felicite, tiene usted un gran futuro por delante.
Felipe González será un torpe vendedor de coches usados a su lado.
Sí, sepa usted que el futuro se leerá en esa GRATUITA (sí, leyó bien, gratuita) herramienta que puede usted encontrar en Internet; el blog.
Son muchos los aspirantes a dominar el planeta, pero no desespere, con este libro usted apartará a todos de un manotazo, como si un rebaño de moscas en invierno se tratase. Para ello no deberá gastar un céntimo, porque los blogs son gratis. Sí, repito, gratis, ha leído usted bien. Puede usted tener tantos como quiera, y nadie tendrá que pagar por leerle. Es la otra cara de la moneda; no se desilusione, el dinero y el poder vendrán después -si solo le interesa hacerse rico, dejando de lado el poder y la gloria, lea mi otro libro Cómo hacerse rico con un blog (sin gastar un duro).

Hay ejemplos variados de personas que ya se están aprovechando de esta herramienta para hacerse con el control de sus pueblos; veáse el caso clarísimo de Beppe Grillo en Italia, mucho más famoso en ese país que el tipo ese que es presidente de la República y que ya casi nadie se acuerda cómo se llama, o Félix de Azúa, un caso parecido en Cataluña, cuyo poder intelectual es tal que cualquier día, cuando le toquen mucho las varices, o las narices, con un chasquido de dedos acabará con esa banda de viejas señoronas con bigote que se pasean en coches oficiales por Barcelona, y por el cual CiU, ese gran partido de catalanistas gordos, estuvo a punto de desintegrarse como un meteorito al contacto con la atmósfera hace poco. Es el nuevo poder; el poder de crear opinión fácil e instantáneamente. Ya vale de no poder decir qué está bien y qué está mal, o de que no le hagan a usted caso. Ha llegado, caballero, o señora, su momento. Para ello déjeme recomendarle tres cosas que toda persona bien nacida al enfrentarse a una actividad, sea esta hacer una ajada, un corte de pelo, un blog o el mismísimo acto sexual, debería tener muy en cuenta:

1.- Si va a hacer algo (en este caso escribir en un blog) hágalo con amor. Eso es lo primero; puede usted utilizar otras expresiones dependiendo de su extracción social; por ejemplo, la que dice, hágalo con cojones, que es lo mismo pero cambiando el corazón por una parte del cuerpo más baja. El resultado es el mismo. Dejemos que grandes videntes de la humanidad nos aconsejen ellos mismos (esta sería otra lección; las citas bien metidas convencen al más reticente. En temas peliagudos recurra a nombres indiscutibles y reputados; un Churchill, un Jesucristo...). Philip K. Dick nos dice sobre un hombre que conoció: “Cada vez que me siento para empezar una novela o relato, siempre me viene el recuerdo de ese hombre. Creo que me enseñó a escribir por amor, y no por ambición. Es una buena lección para cualquier ocupación en este mundo.” Pues sí, señores, para ser poderosos antes hemos de olvidarnos de esa ambición; hemos de movernos por amor, o por testículos, como prefiera. Y sobre el arte nos lo dice también el antes mentado Félix de Azúa, que viene al pelo a esto que tratamos aquí: “Las cosas hay que hacerlas con ganas. No otra cosa es el arte, y ya está bien, creo yo, de delirios filosóficos. Arte quiere decir eso, hacer las cosas como es debido o como Dios manda, siendo Dios, en este caso, uno mismo si tiene agallas para serlo.”

2.- Arriésguese, no sea cobarde. Entre la nada y la equivocación, elija siempre la equivocación. Arrepiéntase únicamente de lo que no ha hecho o dicho. Cuando tenga algo qué decir, y lo diga por amor (es decir, si le sale de dentro, más arriba o más abajo) no se corte. Si mete la pata ya tendrá usted tiempo de rectificar y cuando sea poderoso y domine el mundo, o su parte, ya borrará huellas para que nadie se lo eche en cara. Ya ajustará usted después cuentas con su pasado. Usted va a decir lo que quiera, lo que de verdad piense, sin insultar a nadie, claro, que genera mucha desconfianza, y esa valentía causará admiración y deseos de obedecerle por el común de los mortales. Ya lo dijo Stephen King, el rey del terror: “"...te aseguro que hoy en día, a las puertas del siglo veintiuno, escribir narrativa no tiene nada que ver con la cobardía intelectual. Los aspirantes a censores son legión, y aunque no coincidan todos con sus prioridades, a grandes rasgos quieren todos lo mismo: que veas el mundo como ellos... o, como mínimo, calles lo que ves diferente".

3.- Antes de escribir pálpese y compruebe que está vivo; si es así golpee el suelo con sus pantuflas o zapatos para comprobar la solidez del suelo y lo bien que resiste el peso de su cuerpo. Ya puede empezar; va a escribir de tú a tú, dejará los cielos retóricos y abstractos por el frío baldosín de su casa o de la taberna, donde quiera que escriba. Si alguien le molesta y le pide que le compre un paquete de pañuelos o su mujer entra en su cuarto y le pregunta dónde están las llaves mientras se marca un chotis no se pare ni por un momento ni crea usted que está en su derecho de desconcentrarse. Así, con esas niñerías no dominará usted ni su comunidad de vecinos. Lo que no mata engorda, tenga eso en cuenta. Aprenda a ser sensible como un mulo o un buey también; aprenda a escribir poemas mientras le muelen a palos y practiques técnicas coercitivas de manipulación cerebral mientras es arrastrado como un saco por un caballo a toda velocidad. Nunca ceje en su empeño, pero no olvide que usted no es más listo ni más hábil que nadie y que eso, saberlo, le hace fuerte, y lo contrario le debilita. Tenga usted en cuenta que dominar el mundo no es cosa tan importante que cualquiera que lea este libro y tenga más de cinco años no pueda hacerlo; como dije, solo requiere ganas, cierto arrojo y no olvidar que lo que usted hace, dominar el mundo, no lo convierten en alguien especial ni superior a nadie.

Como dijo el Maestro Yoda entrenando a Luke Skywalker en “El Imperio contraataca”: “No trates de hacerlo... Hazlo o no lo hagas. De lo contrario, ni siquiera vale la pena que lo intentes.”
A dominar el mundo hermanos.

12 dic. 2009

Diana Navarro Sola

Mare mia "24 Rosas" Diana Navarro

EL PADRE NUESTRO POR DIANA NAVARRO

Cartas a Teo (fragmento) Vicent van Gogh

“Si algo en el fondo de ti te dice: ‘tú no eres pintor’, es entonces cuando hace falta pintar, viejo, y esta voz se callará, pero solamente por este medio; aquel que sintiendo esto se va a casa de sus amigos y les cuenta sus penas, pierde un poco de su energía, un poco de lo que mejor lleva dentro. Sólo pueden ser tus amigos aquellos que también luchen contra esto, aquellos que por el ejemplo de su propia actividad estimulen lo que hay de activo en ti.
Es preciso ponerse a la tarea con un aplomo, con una cierta conciencia de que lo que se hace es conforme a la razón, así como el labriego guía su carreta o como nuestro amigo que, en mi pequeño croquis, rastrilla su campo, y lo rastrilla él mismo. Si no se tiene caballo, uno mismo es el propio caballo, y esto es lo que una multitud de personas hacen aquí. Hay una frase de Gustavo Doré que yo he encontrado siempre muy bella: ‘Tengo la paciencia de un buey’.
Yo veo dentro de ella a la vez algo bueno, una cierta honestidad resuelta; en fin, esta frase contiene muchas cosas: es una verdadera frase de artista. Cuando se piensa en personas en las cuales el espíritu concibe cosas de este género, me parece que los razonamientos que sólo asoman en boca de los marchands de cuadros, a propósito de ‘artistas dotados’, no son más que un horrible graznido de cuervo. ‘Tengo paciencia’, qué sereno es esto, qué digno; tal vez no se diría si precisamente no hubiera todos estos graznidos de cuervos. Yo no soy un artista *qué grosero es esto-, incluso pensándolo de sí mismo *¿será posible no tener paciencia, no aprender de la naturaleza a tenerla, a tener paciencia viendo cómo aparece silenciosamente el trigo, crecer las cosas? -¿será posible valorarse como una cosa tan absolutamente muerta, que hasta se llegue a pensar que ni siquiera se puede crecer más? ¿Pensaría alguien, por ventura, en contrariar intencionalmente su desarrollo?
Digo esto para hacer ver cuán tonto encuentro el hablar de artistas dotados o no dotados.
Pero si se quiere crecer, es preciso hundirse en la tierra. Te digo pues: plántate en la tierra de Drenthe y germinarás; no te seques en el empedrado. Hay plantas que crecen en las ciudades, me dirás; sea, pero tú eres trigo, y tu lugar está en un campo de trigo...
No pienso decirte nada nuevo, en lo más mínimo; te pido tan sólo que no vayas al encuentro de ideas mejores que las que ya llevas dentro.” Vincent Van Gogh, Cartas a Théo Drenthe, 1883

11 dic. 2009

El lenguaje mudo

'El lenguaje mudo' es un reportaje del suplemento 'Babelia' del 12 de diciembre de 2009

Piensa esto: piensa que lo primero que supo acerca de los libros fue, allá en la infancia, que así como había baños para niñas y baños para niños, había libros para niñas -Mujercitas- y libros para niños -Colmillo blanco, El faro del fin del mundo- que eran, precisamente, los libros que ella leía y que despertaban, en los adultos, una mirada de caritativa sospecha, como si leer libros sobre fareros y hombres en tierras de lobos pudiera convertirla, a ella, en farero, en hombre, en lobo. Piensa eso la mujer en el vagón del metro mientras intenta ocultar la portada del libro que lleva sobre la falda. El libro es de una autora respetable -Melissa Bank- pero tiene un título sospechoso -Manual de caza y pesca para chicas- y la mujer no quiere que nadie crea que ella es lo que ese título podría sugerir: una mujer en busca de marido siguiendo, para eso, las indicaciones de un tomo de autoayuda. En la infancia, piensa, era más fácil: había libros para niños y libros para niñas, y el que leía mucho podía parecer un poco raro, pero la lectura no era -además de un placer- especulación, carnet de club: señal de pertenencia.


ujer se pregunta en qué momento los libros se transforman en banderas: en declaraciones de principios


***

Todo lector es dueño de un lenguaje encriptado que delínea las fronteras de su reino. En ocasiones ese lenguaje es fácil de entender y las fronteras del reino casi obvias: no es lo mismo decir Paulo Coelho que Mario Levrero; Sidney Sheldon que John Banville; La fortaleza digital que Yo el supremo; Isabel Allende que Grace Paley. Pero en ocasiones el lenguaje se pone muy sutil y entonces tampoco es lo mismo decir El palacio de la luna, de Paul Auster, que El libro de las ilusiones, de Paul Auster; ni decir Coetzee que Sándor Márai; ni decir Salinger y Bukowsky que DeLillo y Pynchon; ni decir Pedro Páramo que Cien años de soledad.

La mujer del vagón tiene su propio lenguaje encriptado, pero se pregunta si será o no un prejuicio pensar que no hay excepciones a la regla que dice que nada bueno puede esperarse de quien responda "Juan Salvador Gaviota" a la pregunta "¿Cuál es tu libro favorito?".

***

Alguien parece interesante. De pronto dice "¿Leíste El Código Da Vinci?".

Alguien parece interesante. De pronto dice: "Estoy descubriendo a un autor buenísimo. Se llama Paul Auster. ¿Lo conocés?".

Alguien se asombra: "¿Hermann Broch? ¿No será Brecht?".

Alguien tiene una enorme biblioteca de libros fabulosos y se nota, enormemente, que jamás ha tocado uno solo de todos esos libros fabulosos.

Alguien, en medio de una reunión banal, siente, de pronto, necesidad de declamar no soy de aquí, no pertenezco, y contrabandea nombres como Georges Perec, Stefan Zweig, Yasunari Kawabata, y tuerce la boca con desprecio cuando alguien dice "Murakami".

Alguien deja sobre la mesa de la sala, simulando una pila casual, una novela de Bolaño, un comic de Art Spiegelman, dos ejemplares del New Yorker, un libro de fotos de Diane Arbus.

Alguien responde, a la pregunta por su libro favorito, "El cazador oculto". Alguien piensa que es una respuesta obvia: un típico título de principiante.

Alguien responde, a la pregunta por su libro favorito, "El país de las sombras largas", y alguien piensa "Ada o el ardor", pero no dice nada, y sonríe, y siente que está bien: que no le importa.

Alguien entierra, tapia, esconde sus libros para salvarlos de la perdición: del fuego.

La mujer, ahora, se pregunta en qué momento los libros se transforman en banderas: en declaraciones de principios.

***

Libros, instrucciones de uso: declarar en público que no se ha leído el Ulises y mucho menos En busca del tiempo perdido (eso, que era antes inconfesable, ahora se lleva mucho porque habla a las claras de alguien que ha leído tanto que puede declamar esa ignorancia sin ser tildado de bestia).
No decir nunca nada malo sobre La conjura de los necios, de John Kennedy Toole (la misma regla es válida para cualquier título de Hunter Thompson, si se está en compañía de periodistas jóvenes). Evitar las siguientes discusiones, por peligrosas, con parejas queridas o amigos entrañables: a favor o en contra de American Psycho, de Breat Easton Ellis; a favor o en contra de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq; a favor o en contra de Las Correcciones, de Jonathan Franzen; a favor o en contra de Las benévolas, de Jonathan Littell.
Mencionar, en cualquier reunión, al menos una vez a Berger, a Sebald, a Pessoa. Decir, cuando se tenga ocasión, que Sándor Márai es aburrido. Decir, con la vista perdida en el fondo de un vaso, que Truman Capote era manipulador. Decir, con un suspiro, que las novelas de Cortázar envejecieron mal, pero que en cambio, ah, sus cuentos.

La mujer se pregunta por qué todos los fotógrafos argentinos parecen haber leído Zen en el arte del tiro con arco, del alemán Eugen Herrigel; todos los arquitectos chilenos a Rimbaud; todos los músicos latinos a Castaneda. Se pregunta de dónde vienen, en qué momento se aprenden esas reglas.

***

Sea como fuere, esto sucede una y otra y otra vez: la felicidad infantil de sumergirse en una conversación inesperada con un completo desconocido para descubrirse, horas después -y bajo toneladas hipercalóricas de "¿Leíste a tal?" "¡Si! ¿Y leíste a tal?" "¡Sí! Y leíste a tal?"- pensando que ese, sí, es el comienzo de una gran amistad.

Y, sea como fuere, esto sucede, una y otra y otra vez: la felicidad íntima de coincidir en Lorrie Moore, en Julio Ramón Ribeyro, en Rohinton Mistry, en Scott Fitzgerald, en los siete pilares y en toda su sabiduría y entender -una y otra y otra vez- que todos esos libros no son una lista arbitraria de amores y rechazos, una demostración de habilidades, la insidiosa bruma de un prejuicio, sino la contraseña que permite reconocer a otro habitante de una patria terca en la que, de todos modos, nunca ha vivido mucha gente. Y quizás, piensa la mujer, por eso importa. Porque los libros son una forma de decir no me confundan. Esta soy yo. En estas cosas creo. Esta es mi patria.

Pepe Junco La Placita del Barrio

LA PLACITA DEL BARRIO

Un niño en la placita de su barrio que no existía
mas que en su pensamiento cristalino y fecundo
como el vientre de una mujer enraizada en la raíz de un árbol
milenario que se arraiga con una fuerza descomunal
en lo más sagrado de la tierra, donde la tierra es tierra
y no cercado o surco o sobreviviente del holocausto
oculta en una maceta de algodón que una viejecita
riega con copos de nieve cuando es invierno o no
y entonces le dibuja flores desconocidas pero hermosas
como aquella muchacha que sorprendí en un rincón de la escuela
llorando amargamente porque no sabía escribir aunque era bella
y los maestros le sacudían el alma avergonzándola
y la mandaban a repetir trescientas veces no sé escribir
en lugar de comprarle un lápiz con la punta afilada
y de la mano llevarla por el jardín de la palaba amor,
dulzura, u otras palabras sagradas que no sabían enseñarle.
El niño en la placita de su barrio que no existía
inventaba juguetes con los que fabricaba un corazón
que después se guardaba en el bolsillo descosido
de sus pantalones para llevárselo a su madre
arrodillada siempre en los pisos ajenos,
sacando brillo con un afán desmesurado
como si pensara que ya había bastante suciedad
y hubiera emprendido una campaña a favor de la higiene
hasta que el niño llegaba con su corazón en el bolsillo
y de la mano se iban a la casita del barrio donde no existía
plaza para que los niños jugaran ni escuela
para que los maestros enseñaran a escribir
palabras tiernas a la hermosa muchacha que lloraba
desconsolada en un rincón porque no tenía lápiz
con el que dibujar la maceta que la vieja regaba
con copos de nieve cuando era invierno o no.

BEBO VALDEZ Y EL CIGALA

Dijo un sabio alguna vez que se tarda un minuto en decir hola y toda una vida en decir adiós

Dijo un sabio alguna vez que se tarda un minuto en decir hola y toda una vida en decir adiós... porque despedidas de las fáciles no existen. Decir adiós implica casi siempre el final de alguna cosa, pero también el principio de otra nueva. Para despedir este 2009 algunos usaremos, por ejemplo, la cuenta atrás, aquella que el cineasta Fritz Lang utilizó en sus películas y que después se incorporó a los lanzamientos espaciales reales. Diremos adiós a 365 días llenos de vivencias personales y recuerdos, buenos y malos pero, sobre todo, diremos adiós al Año Internacional de la Astronomía.

Las colisiones: vida o muerte de los planetas
¿Hay planetas alrededor de todas las estrellas?

'Desde una estrella enana'

Si algo podemos obtener del simple hecho de mirar al cielo es, sin duda, una gran lección de humildad
Despediremos doce meses dedicados a homenajear a Galileo Galilei, el astrónomo que por primera vez apuntó al cielo con un telescopio y acabó enamorándose de la Luna y de su imperfecta orografía. El astrónomo que nunca llegó a saber que, además de verse, el universo también se oye. Y es que la música existía ya en el cosmos primigenio en forma de vibraciones acústicas: sintonías cósmicas que quedaron grabadas en la radiación de fondo, a la espera de que los científicos simplemente agudizasen el oído.

Diremos adiós a Galileo y al Año Internacional de la Astronomía, sí, y lo haremos con música, y a poder ser, cantando. Hijo de compositor y buen conocedor de la armonía musical, quizá el propio Galileo hubiese elegido también despedir este año -su año- cantando al son de su laúd. Porque quién mejor que él para entender que el cosmos es y sigue siendo una gran fuente de inspiración, no sólo para los astrónomos, sino también para los propios músicos.

Los límites entre astronomía y música

Y es que para Galileo y sus coetáneos los límites entre astronomía y música no estaban tan definidos como lo están hoy. Por eso quizá no les hubiera extrañado ver a un músico grabar e interpretar algunos de sus temas bajo la cúpula de uno de nuestros grandes telescopios actuales, tal como ha hecho en el Observatorio de Calar Alto Antonio Arias, compositor e intérprete granadino.

Hoy proclaman los científicos / con alborozo de antiguos poetas / en los días del tótem y la esfera: / somos hijos de una estrella. Así reza una de las letras de Multiverso, el disco que Arias presentará en el concierto astronómico que tendrá lugar en Granada dentro del acto de despedida del Año de la Astronomía este 12 de diciembre. El músico canta al cosmos y a su creación, a la luz, a las estrellas nacientes, a los cometas, al cielo, a la química del universo y también al amor como elemento presente en este caos: Porque cruza el amor con brillo de cometa / hoy celebro este cielo de mirarte y saber / lo infinito tan cerca, lo imposible tan cierto.

El mismo universo que ha inspirado las letras de Multiverso es el que ha contribuido a la gestación de grandes canciones que quedarán para el recuerdo de todos. Las palabras vuelan como lluvia sin fin / dentro de una taza de papel / y se escabullen. A través del universo (Across the Universe).* Es la canción del mismo título que John Lennon escribió para los Beatles y que la NASA transmitió al espacio exterior en 2008 con motivo de su 50 aniversario en dirección a la estrella Polaris, a 431 años luz de la Tierra.

Una lección de humildad

Los ejemplos son muchos, ya que el cosmos inspira, sugiere y evoca. Si algo podemos obtener del simple hecho de mirar al cielo es, sin duda, una gran lección de humildad. Estoy flotando de un modo muy peculiar / y las estrellas lucen hoy de forma diferente / ... / El planeta Tierra es azul y no hay nada que yo pueda hacer; así decía el Mayor Tom, el astronauta perdido en el espacio y protagonista de Space Oddity (Singularidad Espacial), escrita por el cantante y compositor británico David Bowie. Y qué decir de Pink Floyd y su mítico The Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la Luna), considerado el mejor disco de esta banda y uno de los más vendidos del mundo, que incluye temas como Eclipse, compuesto por Roger Waters y famoso por su frase final: En la Luna no hay lado oscuro / en realidad toda la Luna es oscura...

Son canciones con historia y para la historia, que forman parte de nuestra cultura popular y que tienen como temática y como inspiración el cielo y la astronomía. Son canciones -muchas de ellas- que escucharemos interpretadas por el granadino Antonio Arias y por otros músicos de conocidas formaciones como Los Planetas o Lori Meyers, que vendrán a arropar al compositor granadino y a despedir el Año Internacional de la Astronomía. Nos acompañará también Robert Wilson, premio Nobel de Física y descubridor del fondo cósmico de microondas, donde quedó impresa la llamada música del universo.

Cantaremos para despedir a Galileo; cantaremos para despedir su año y, sobre todo, cantaremos para despedirnos de toda la astronomía que ha impregnado cada uno de estos doce meses que han pasado, casi, como un suspiro. Así que: tres... dos...uno... ¡Que empiece el espectáculo!

* Traducción libre realizada a partir de las letras originales. María Teresa Bermúdez Villaescusa es responsable de comunicación del Año Internacional de la Astronomía. Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC)

9 dic. 2009

Great Blues Riffs! - Blues Piano Lesson

No sé si me gusta más levantarme a tu lado al alba





Mormeneo se sentó ante el ordenador, contempló la desnuda higuera y el nogal. La noche se había quedado nítida, como si fuera el día después del Apocalipis o la primera luz cenicienta tras el naufragio. No quiso buscar la gigantesca luna oculta entre las nubes. Le agrada esa sensación irreal de cuento…

Escribió:



No sé si me gusta más levantarme a tu lado al alba

o dormir abrazado a ti. Sentir cómo lates,

cómo te arrugas sobre ti misma

como quien busca el acoplamiento perfecto de las almas.

Percibo entonces, antes de que se desaten las tentaciones,

el calor de tu espalda y tus nalgas, el torrente

de la melena y su olor a melocotón o a mora.

Quedo un instante así, inmóvil como un barco que siente,

tembloroso como la luz de la sinrazón,

me quedo como si fuera un pájaro abatido

que parpadea y sueña el mejor de todos los vuelos.

A veces te duermes. Y ronroneas. Y musitas palabras

intraducibles, frases completas que me cuentas como

si estuvieras presa en la alucinación del olvido.

Estoy feliz así. En ese instante, cuando el mundo

se desmaya, le pido a la carne que no se altere,

que apacigue sus ardores, que no enturbie la noche

de gemidos y de risas y de batallas de sudor,

y me digo a mí mismo que, algunas veces, el mejor sonido

es el del silencio, el de la respiración de dos que se aman

y escuchan la música del corazón sin saber si despertarán.



**Alberto Calvo me había pedido que escribiera a la manera de Pedro Salinas. No me ha salido, pero es que Mormeneo, narrador, poeta y fotógrafo es así. Su nombre completo es casi todo un poema: Manuel Martín Mormeneo.

El placer del sexo:



Libros. Jean-Manuel Traimond, especialista en guías eróticas, publica ‘69 historias de deseo. Un museo del imaginario erótico’ (Electa. Barcelona, 2009), donde recoge y analiza cuadros y esculturas sobre los temas fundamentales de la sexualidad y la pasión



El placer del sexo:

arte y lascivia de

un museo ideal



El sexo mueve el mundo. Podría escribirse una formidable historia de la humanidad desde la perspectiva del deseo. No es eso exactamente lo que ha hecho Jean-Manuel Traimond, sino concebir ‘un museo del imaginario erótico’ en el espléndido libro ‘69 historias del deseo’ (Electa), que propone una viaje por el desarrollo de la sexualidad. La odisea se prolonga desde el siglo VI a. de C., cuando una vasija representaba pasajes explícitos de sexo oral y anal entre hombres, hasta nuestros días en que la escultora Louise Bourgeois –insólita Premio Aragón-Goya- paseaba, en 1982, un enorme falo de metal con sus testículos ante la cámara de Robert Mapplethorpe.

Traimond, autor de una ‘Guía erótica del Louvre y del Museo de Orsay’, dice: “La Antigüedad representaba el placer sin mala conciencia, pero también estableció la separación entre cuerpo y espíritu, materia e idea. Exacerbada por el cristianismo, dicha separación hizo que todo el peso de la vergüenza recayera sobre el deseo”. Y agrega que “atacado, ahogado, asediado por el pudor, el deseo occidental resurge una y otra vez oculto tras tantos y tan variados disfraces”.

Quizá por ello, los pintores, los artistas en general, han visto estimulada su imaginación y han emprendido una suerte de “guerra de guerrillas contra el triste pudor”. Una constatación clara del libro es que “al eterno retorno de las obsesiones masculinas se corresponde la escasez de las muestras de afecto femenino” y, por extensión, de ausencia de mujeres pintoras. Se recuerda el paradójico caso de Georgia O’Keefe, una voluptuosa artista que pintó flores como vulvas abiertas, como explícitas metáforas o alegorías del sexo femenino, y siempre dijo que ella no hacía pintura erótica.

Dentro de esas 69 piezas están todos los asuntos del amor y del deseo. Desde ese inicial canto griego a la homosexualidad y al destape de Afrodita, cuyos senos se alzan más allá del velo, también existen imágenes de las hetairas (las prostitutas de lujo) o una escena, en Pompeya, de otro mito: el de Príapo, al que le habían dedicado varias capillas, frecuentadas por hombres que tenían alguna enfermedad en el pene. Traimond escribe: “En cuanto a las mujeres, ya fueran profesionales o simples ‘amateurs’ (…), colgaban del gran falo tantas guirnaldas como amantes habían tenido en el transcurso de la noche”. El libro aborda algunos casos de zoofilia, como la cópula entre Pan y una cabra, la sutil relación de ‘Leda y el cisne’ (1598) recreada con absoluta maestría por Rubens o un ‘cunnilingus’ de ‘La bruja y el dragón’ (1515) de Hans Baldung Grien. El Bosco mostró en ‘El Jardín de las Delicias’ (1510) la homosexualidad, la masturbación e incluso una imagen más extraña: la de mujer que anda a gatas, semidesnuda, y por atrás avanza una pértiga que lleva una esponja en la punta.

“Cuanto más nos resistimos a la carne, más se esfuerza en reaparecer” escribe Traimond a propósito de la pieza de Tiziano ‘La Magdalena penitente’ (1530), que mezcla la vergüenza del pecado carnal y la exuberancia del ardor en forma de un envolvente cabello de fuego. El cuadro ‘La piel’ (1638) de Rubens insiste en el elogio de la beldad y del hedonismo, igual que dos piezas de Fragonard: ‘Las curiosas’ (1767-1771), una elipsis de la figura del mirón (exaltado en ‘Una ojeada a través de la cerradura’ de Anton Felser, de 1895, que sería casi el positivo o el reverso de la anterior) y ‘Los afortunados azares del columpio’ (1767), que es un canto al pie como apéndice sexual. Dice Traimond: “Hay mujeres que llegan al orgasmo pasándose el aspirador por las plantas de los pies”.

No podía faltar el lienzo que sublima y normaliza como ningún otro la vagina: ‘El origen del mundo’ (1866) de Courbet. No podían faltar una flor de O’Keefe, ni las mujeres pelirrojas de Klimt ni esa sucesión de damas que tientan a Ulises o a distintos dioses y hombres, como el caso de las sabinas, raptadas y violadas por los romanos y pintadas por David. Rembrandt realizó un elocuente grabado de la felicidad conyugal en el tálamo en ‘La cama a la francesa’ (1646). “¿Hay que decir algo que la sonrisa de la esposa penetrada no diga ya?”, se pregunta Traimond. Leonor Fini se acercó a la homosexualidad femenina. El perverso y agudo Franz von Stuck es autor de ‘El balancín’ (1898), sobre la masturbación de mujeres con un tronco, y de ‘El pecado’ (1895). Felicien Rops es el autor de ‘Pornokrates’ (1878), acerca “del poder de la puta” que pasea a un cerdo. Aubrey Beardsley aborda la fuerza de la erección en ‘Los embajadores lacedemonios’ (1896).

A Veces

De Marcos Alonso “A veces”

A veces,
solo a veces,
cuando el camino se pierde
llevándonos con él,
nos alejamos de nosotros mismos
hasta desconocernos,
ignorándonos en la superficialidad,
mientras que la piel se vuelve inútil y ajena
en medio de la resaca otoñal.

A veces,
solo a veces
cuando el frío nos despierta
arropados por la hipocresía
nos sentimos desnudos y vulnerables.
Transparentes, nos observamos vacíos
y nos aprestamos a decorar nuestros huesos
pintándolos de colores,
pero siempre resultan grises como las cenizas.
A veces,
solo a veces,
desandamos el camino
buscando huellas en la memoria,
echándonos de menos,
recordando nuestras gracias,
esperando que regresemos al mismo sitio,
y cuando por fin nos vemos,
a veces,
y solo a veces,
nos damos cuenta
que ya somos otros.

"Seremos moralmente más pobres si Aminetu Haidar se muere"

Todos seremos moralmente más pobres si Haidar se muere", dijo José Saramago en esta entrevista en la que cuenta cómo vio a la militante saharaui cuando fue a encontrarse con ella el último martes en el aeropuerto de Lanzarote, donde esta mujer de 44 años hace huelga de hambre.
Saramago reside en Lanzarote desde 1993, con su mujer, la periodista y traductora Pilar del Río.

Bloqueo total en el 'caso Haidar'
Velasco ve indicios de delito de lesa humanidad en el 'caso Haidar'
Rabat frustra en el último momento el regreso de Haidar a El Aaiún
José Saramago



"La reacción del Gobierno de Rabat es de una crueldad increíble"
Pregunta. Fue a solidarizarse.

Respuesta. Y a ayudar, como otros tantos, a algo que me parece fundamental, aparte de los factores de la historia política: para ayudar a que esta mujer no se muera. Eso me parece básico, y por eso fui.
P. ¿Qué hacer?

R. Para que no se muera se necesita encontrar una solución. Creo que el Gobierno español está tratando de veras de encontrar una salida, pero todas las gestiones se le han ido complicando, día a día.
Sólo se puede confiar en que Zapatero tenga fuerza y con esa fuerza logre un buen fin.
Y el buen fin es que esta agonía no se prolongue hasta que sea demasiado tarde. La salud de Haidar es cada vez más precaria, todos podemos verlo. Y cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento.

P. ¿Qué sintió usted cuando la encontró?

R. Fui para ayudarla a vivir, como otros, ya se lo dije. Y cuando he estado con ella, el martes, se hablaba de que podía haber una solución pronto. Lo creía ella misma, sonreía ante esa perspectiva.
Había una atmósfera de satisfacción. Y no pasó nada, y han pasado los días y esto no mejora nada... Fíjese en las notas del cónsul marroquí y en las reacciones brutales, de una crueldad increíble, del Gobierno de Rabat...

P. ¿Usted espera que un arbitrio internacional zanje el problema?

R. Todas las esperanzas están puestas en eso, pero se desvanecen... Aunque intervenga la ONU, sus mecanismos son muy lentos, y esta mujer no puede esperar... Si Marruecos cumpliera, o hubiera cumplido, las resoluciones de la ONU, el conflicto que plantea el Sáhara se habría resuelto, porque el Sáhara Occidental ya sería independiente, probablemente...
Pero hay en el mundo algunos países a los que las resoluciones de la ONU les importan un pepino, y entre ellos está Marruecos. Otro de esos países que no tienen en cuenta los dictados de la ONU es Israel, que con respecto a Palestina adopta la misma actitud de Rabat ante el Sáhara. No les importa lo que la ONU diga. Se permiten volver la espalda ante la presión internacional.

P. Estuvo con ella. Al volver a casa, ¿cómo valoró la naturaleza humana del drama que plantea la situación de Haidar?

R. Me parece que una mujer como ésta, que tiene unos hijos encantadores, y aquí tengo las fotos de su familia, haya decidido dar un paso tan arriesgado denota una firmeza fuera de lo común. Que la hayan conducido a esta situación lleva a pensar que la capacidad de desprecio por la naturaleza humana es infinita en la crueldad de algunos. No podemos permitir que esta mujer se muera. Vamos a ser moralmente más pobres si la dejamos morir.

P. Esto sucede en Lanzarote; Canarias es vecina muy próxima del Sáhara. ¿Alguna reflexión sobre lo que esto supone para las islas?

R. Cuando se me habla de los canarios pienso siempre que deberían preocuparse más de sus islas, donde se producen fenómenos de corrupción que avasallan y que no despiertan aquí, parece, demasiada preocupación.
Si no se preocupan por lo que sucede en su casa, ¿cómo van a preocuparse de manera eficaz de lo que sucede en el Sáhara, por muy cerca que esté? Sin duda hay grupos que están haciendo mucho por solidarizarse con la situación, por ayudar a esta mujer y a su pueblo, pero chocan con la barrera infranqueable de Marruecos, que impide cualquier negociación. Estos colectivos hacen lo que pueden, claro.
En cuanto a Canarias, repito que independientemente de esos colectivos lo que percibo es que los ciudadanos de las islas tienen que cambiar de mentalidad, preocuparse más por sus problemas, convertir su territorio en un verdadero archipiélago unido, y acabar con una situación en que cada isla va a lo suyo.


JUAN CRUZ 04/12/2009

Aminetu Haidar,

La situación legal de la activista saharaui Aminetu Haidar, en huelga de hambre desde hace 24 días después de que Marruecos le retirara el pasaporte y la expulsara a España, sigue sin aclararse.
Hoy, el vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Fernando de la Rosa, no ha concretado cómo deberían actuar los tribunales y se ha limitado a asegurar que hay que valorar su voluntad pero teniendo en cuenta el respeto a la vida.

Haidar iniciará acciones penales si el juez la ingresa o le envía un médico
Haidar no debe morir








De la Rosa ha respaldado la actuación de los jueces y del Gobierno, y ha apuntado que la jurisprudencia determina que los "mayores de edad puede negarse a recibir cualquier tipo de alimento forzado". "Habrá que respetar la voluntad de la misma", ha indicado, mientras Haidar "esté consciente", así como se respeta a los testigos de Jehová su decisión de no recibir transfusiones sanguíneas.

Las reflexiones de De la Rosa coinciden con las que hicieron un grupo de expertos hace unos días en EL PAÍS quienes, ante la pregunta de si el Estado podría alimentar a Haidar a la fuerza, no pudieron dar una única respuesta ya que Haidar no es responsabilidad directa del gobierno, como puede ser un preso, y ni siquiera está claro cuál es su estatus jurídico en España.

Rechazo de toda asistencia médica

Mientras, Aminetu Haidar no da ni un paso atrás. Ayer, a través de su abogada, Inés Miranda, la activista envió el nítido mensaje de que no aceptará ser chequeada por el médico forense que la fiscalía pretende enviar al aeropuerto de Lanzarote ni permitirá su traslado a ningún hospital. Si eso ocurriera contra su voluntad, Haidar ha dado instrucciones para denunciar al juez que lo promueva por secuestro, detención ilegal y prevaricación.
"Si se actúa en contra de la voluntad de Haidar, expresada de forma reiterada en pleno uso de sus facultades, de no recibir asistencia médica, entraríamos en el ámbito penal. Entendemos que esta medida es completamente inasumible para ningún juez", manifestó Miranda.

La activista, que ayer cumplió su cuarto día sin salir del pequeño cuarto donde duerme salvo para ir al baño en silla de ruedas, ha vuelto a dejar claro que sólo dejará la huelga de hambre el día que llegue a su casa en El Aaiún. "Cualquier médico que cumpla la ley y que sea respetuoso con la ética profesional no atenderá a Aminetu Haidar si ella ha manifestado, como ha ocurrido, que no quiere ser atendida", insistió Miranda.

La última médico que examinó a Haidar, una forense que intervino por orden del juez Jerónimo Alonso el domingo, descarta que, por ahora, exista "riesgo vital". Según su informe, la activista "mantiene las constantes hemodinámicas dentro de la normalidad, lo que indicaría que sus órganos vitales funcionan correctamente". Con este estudio, el juez descartó la hospitalización.

El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, insistió ayer en Bruselas en que ahora "lo principal es evitar que haya un desenlace fatal" de la huelga de hambre, informa Ricardo Martínez de Rituerto.

Moratinos negó que el Gobierno esté presionando a Haidar y expuso como prueba de la libertad de la activista el hecho de que esté ejerciendo con la huelga de hambre su libertad de expresión. No obstante, cree que "la reivindicación política la puede hacer sin huelga de hambre".

Mientras, la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, hizo ayer un llamamiento para que Haidar pueda regresar a "su país". "Desde aquí hago un llamamiento por el respeto del derecho de Aminetu Haidar a regresar a su país, donde además viven sus hijos y es donde tiene que estar", señaló Pillay, sin mencionar en ningún momento los nombres de Marruecos ni del Sáhara Occidental.

La Alta Comisionada afirmó, en respuesta a una pregunta de Efe, que "conoce el caso y lo sigue de cerca" y que ha estado "en contacto con los dos Gobiernos", en referencia a España y Marruecos, con los que, dijo, ha "hablado de su situación".

Pillay señaló que espera que se encuentre "una rápida solución" al contencioso, y especificó que sabe que España ha ofrecido varias posibilidades para ayudar a Haidar, como otorgarle asilo político o la nacionalidad española. "Sé que España ha sido muy considerada y está dispuesta para ayudar, incluso ofreciéndole acceso a su territorio", aseguró: "Pero es ella misma quien tiene que tomar la decisión", agregó.

Por otra parte, el movimiento de apoyo a Haidar ha hecho un llamamiento para que se convoquen concentraciones de apoyo a la activista saharaui en todas las facultades de España el próximo jueves, día de los Derechos Humanos, informa Europa Press.

JOSE HIERRO La Casa El Sindicato del Verso

"Las nubes" José Hierro - Vicente Monera

Joan Manuel Serrat - Sin piedad

Joan Manuel Serrat - (antes " Marta") ahora " Asturias de Albéniz"

Instrumentos Musicales

Lo mejor del pasodoble.Parte 2

PATENTE DE CORSO Chantaje en vigo

Vigo. O sea, Galicia. España. Estado moderno –dicho sea lo de Estado con las cautelas oportunas–. Democracia constitucional con supuestos derechos y libertades de cada cual. En mi casa mando yo, resumiendo. Y mi amigo Manolo, que es un ingenuo y se lo cree, necesita cubrir un puesto de auditor. Es una oferta seria y bien remunerada. Así que publica un anuncio en la prensa local: «Se necesita auditor para empresa solvente». Y empieza el circo.

La cosa se encarna en inspectora de Trabajo y Asuntos Sociales, con todas sus letras.
Hola, buenas, dice la pava.
¿Cómo es que solicitan ustedes un auditor, y no un auditor o una auditora? Mi amigo, que es hombre culto, conoce las normas de la Real Academia en particular y de la lengua española en general, y no trinca de la corrección política ni de la gilipollez pública, como otros, argumenta que auditor es masculino genérico, y que su uso con carácter neutro engloba el masculino y el femenino desde Cervantes a Vargas Llosa, más o menos.
No añade, porque es chico educado y tampoco quiere broncas, que no es asunto suyo, ni de su empresa, que una pandilla de feminazis oportunistas, crecidas por el silencio de los borregos, la ignorancia nacional y la complicidad de una clase política prevaricadora y analfabeta, necesite justificar su negocio de subvenciones e influencias elevando la estupidez a la categoría de norma, y violentando a su conveniencia la lógica natural de un idioma que, aparte de ellas, hablan cuatrocientos millones de personas en todo el mundo.
Olvidando, de paso, que la norma no se impone por decreto, sino que son el uso y la sabiduría de la propia lengua hablada y escrita los que crean esa norma; y que las academias, diccionarios, gramáticas y ortografías se limitan a registrar el hecho lingüístico, a fijarlo y a limpiarlo para su común conocimiento y mayor eficacia. Porque no es que, como afirman algunos tontos, las academias sean lentas y vayan detrás de la lengua de la calle. Es que su misión es precisamente ésa: ir detrás, recogiendo la ropa tirada por el suelo, haciendo inventario de ésta y ordenando los armarios.

Pero volvamos a Vigo. A los pocos días de la visita de la inspectora mentada, Manolo recibe un oficio, o diligencia, donde «se requiere a la empresa la subsanación de las ofertas vigentes y la realización de las futuras o bien en términos neutros, o bien referida simultáneamente a trabajadores de ambos sexos».
Dicho en corto –aparte la ausencia de coma tras futuras y la falta de concordancia de referida–: o en el futuro pide auditor o auditora, con tres palabras en vez de una, en anuncios que se cobran precisamente por palabras, o deberá atenerse a las consecuencias.
Y a mi amigo, claro, se lo llevan los diablos. «O es un chantaje feminista más –se lamenta–, o mi anuncio despista de verdad, y algunas mujeres ignorantes o estúpidas creen que no pueden optar a ese puesto de trabajo.
Lo que sería aún más grave. Si lo que tanta idiotez de género ha conseguido es que, al final, una mujer crea que ofrecer un trabajo de auditor es sólo para hombres y no para ella, todo esto es una puñetera mierda.» Etcétera.

El caso es que, resuelto a defender su derecho de anunciarse en correcto castellano, Manolo se pone en contacto con los servicios jurídicos del Ministerio de Igualdad, donde una abogada razonable, competente y muy amable –lo hago constar para los efectos oportunos–, le dice que, con la ley de Igualdad en la mano, la inspectora de Vigo «puede haber creído detectar» discriminación en el anuncio, y que la empresa se expone a una sanción futura si no rectifica. «¿Entonces, la legalidad o ilegalidad de mi anuncio depende de la opinión particular de cualquier funcionario que lo lea, por encima de la Real Academia Española?», pregunta Manolo.
«Más o menos», responde la abogada. «¿Y qué pasaría si yo recurriese legalmente, respaldado por informes periciales de lingüistas o académicos?», insiste mi amigo. «Pasaría –es la respuesta– que tal vez ganase usted. Pero eso dependería del juez.»

Es inútil añadir que, ante la perspectiva de un procedimiento judicial de incierto resultado, que iba a costarle más que las dos palabras suplementarias del anuncio, Manolo ha cedido al chantaje, y lo de auditor a secas se lo ha comido con patatas. «Auditor, auditora y auditoro con miembros y miembras», creo que pone ahora. Con mayúsculas.
Tampoco está el patio para defensas numantinas.
Esto es España, líder de Europa y pasmo de Occidente: el continuo disparate donde la razón vive indefensa y cualquier imbecilidad tiene su asiento. Como dice el pobre Manolo, «lo mismo voy a juicio, colega, me toca una juez feminista y encima me jode vivo». Intento consolarlo diciéndole que peor habría sido, en vez de auditor, necesitar otra cosa. Un albañil, por ejemplo. O albañila.

6 dic. 2009

Shanghai remató el jueves por la noche, de forma apabullante

"No hay mejor decorado posible que la propia ciudad", había advertido Karl Lagerfeld antes del desfile. En efecto, el perfil de los rascacielos de Shanghai remató el jueves por la noche, de forma apabullante, la puesta en escena de la colección Métiers d'Art 2009 / 2010 de Chanel. Con esta línea anual la casa francesa exhibe desde 2002 la habilidad de los cinco talleres artesanos parisienses que compró para asegurar su supervivencia. Manos y oficio que hacen posible la alta costura, y una raza en peligro de extinción.


Esta colección comercial, pero riquísima, es el mejor ejemplo de un fenómeno en auge: la semi costura (demi couture, según los franceses). La expresión sirve para definir ropa con precios y acabados cercanos a la alta costura pero sin la confección a medida. Sus ocho ediciones se han presentado en distantes esquinas del mundo, de Tokio a Londres, que guardan alguna relación con la historia de Chanel. O que la guardarán.

En el caso de Shanghai, un poco de ambas. Es cierto que Mademoiselle coleccionaba antigüedades orientales. Pero también lo es que el desfile coincidía con la inauguración de una tienda Chanel en la ciudad, la número 13 de las que tiene entre China y Hong Kong. Las expectativas de crecimiento en ese país para este año de esta empresa familiar (siempre opaca acerca de sus números) se admiten de doble dígito. Se entiende así que, en esta caricia a la potencia emergente en el mundo del lujo, no se escatimara intensidad amorosa. Antigüedades y obras de arte originales para "la tienda Chanel más refinada del mundo" y una apabullante estructura acristalada varada en la orilla del río Huangpu para acoger a los 800 invitados al desfile, entre ellos Vanessa Paradis y Anna Mouglalis.

Enmarcado por el metal negro de esa caja de 85 metros de largo y seis y medio de alto, el perfil más futurista de China, con sus serpenteantes neones, parecía más que nunca el fotograma de una película de ciencia ficción. Pero el filme que se proyectó en las cinco pantallas que descendieron sobre el panorámico encuadre fue de otro tipo. Para salvar el escollo de que Coco nunca puso un pie en China, Lagerfeld la hizo viajar allí con un cuento en imágenes escrito y dirigido por él. En el corto, a ratos francamente gracioso, la diseñadora se traslada en sueños a varios momentos de la historia del país y se encuentra con variados personajes, desde emperadores hasta Marlene Dietrich. Ferviente defensor de lo políticamente incorrecto, ha elegido a sus modelos favoritos (todos occidentales, como el ubicuo Baptiste Giabiconi) para interpretar personajes chinos, con la inestimable ayuda de abundante eyeliner. "Es un homenaje, no hay racismo", defendía el diseñador septuagenario en la rueda de prensa anterior al desfile.

La estructura de 500 toneladas, que 150 personas construyeron durante 30 días, estaba suspendida sobre el río que separa la parte tradicional de la ciudad (lo poco que queda de ella, al menos) de la ultramoderna. Las mismas aguas en las que nadó Lagerfeld en su sublime acercamiento al manido tema oriental. "Esto no es folclore, es moda", aclaraba. Trajes de tweed con iridiscentes hilos multicolores parecían reflejar los neones que les contemplaban, con los que esta sociedad ilumina su frenética carrera hacia el futuro. Aquí y allá, aparecía el rojo, los hombros pagoda y los cuellos mao que se asocian a su pasado. Y las referencias a los guerreros de terracota y al cine de los años 30 se mezclaban con los ajustados pantalones de cuero que hoy pueblan cualquier armario adolescente.

Además de la demostración de virtuosismo de los artesanos, lo que el jueves se vio fue una exhibición de poderío en un mercado saturado por los efusivos cortejos de las firmas occidentales. Pero el espectáculo estaba destinado a una audiencia global, como demostraban los 60 periodistas traídos de todo el mundo y el impresionante montaje. "Una modelo saliendo por una puerta blanca sólo capta la atención de alguien muy interesado en la moda. Para que el resto siga mirando tienes que ofrecer una superproducción, con efectos especiales", opina Lagerfeld.

El tercer acto de la suya, se vio tras el desfile y tuvo un sabor cómico y familiar que se agradecía después de tanta monumentalidad. Un cabaret blanco y lleno de camelias en el que los acólitos de Lagerfeld se lanzaron a cantar con desigual fortuna: Paradis encandiló, mientras Mouglalis y Giabiconi asesinaron sus temas. Lagerfeld lo fotografiaba todo con una entrega cercana a la ternura.