Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 may 2017

Verónica Forqué: “Yo tenía unas tetas preciosas que me han dado mucho trabajo”Título de la entrada


Ha sido chica Almodóvar, suma cuatro goyas... Verónica Forqué siempre supo que su don era la actuación y el teatro, su meca.

Verónica Forqué: “Yo tenía unas tetas preciosas que me han dado mucho trabajo”

Verónica lleva blusa de Escada, aros de ‘strass’ de Elisabetta Franchi. Estilismo: Francesa Rinciari.
Foto: Mirta Rojo. Ilustración: Isabel Acerete.
 
“En la vida, cariño, es difícil envejecer.
 Hay que prepararse, llega de repente, pasas de ser la niña del grupo a ser la más vieja en un segundo. 
De pronto, tengo 61 años.
 Estoy, como dice Jane Fonda, en el tercer acto de mi vida… Y disfrutándolo».
 Verónica Forqué lo explica de forma natural, con su voz cantarina y pausada. Mirando a los ojos.
 Habla de proyectos, de pérdidas. De cómo combatió la depresión –«Se sale. Tienes que tratarla, pedir ayuda, no acostumbrarte o pensar que es un estado»–.
 De que le encantaría trabajar con Woody Allen –«Nació, como yo, un 1 de diciembre»–.
 Mantiene la ilusión incluso después de ganar cuatro goyas, porque, recalca, «lo más bonito es encontrar el don que te ha sido dado, poder ser útil a los demás».
 


Verónica Forqué: “Yo tenía unas tetas preciosas que me han dado mucho trabajo”
Verónica lleva blusa de Escada, aros de ‘strass’ de Elisabetta Franchi. Estilismo: Francesa Rinciari.
Foto: Mirta Rojo. Ilustración: Isabel Acerete.


Y recuerda cómo empezó todo: «Mi padre [el director José María Forqué] no quería que fuera actriz, pero yo tenía una vocación muy clara desde los 8 años.
  Creo que esa oposición tan frontal me motivó de modo inconsciente; quería que viera lo bien que lo hacía para que estuviera orgulloso». 
Su convicción se convirtió en rebelión (bendecida pronto vía paterna: «Pasó a ser mi fan número uno. 
Me daba confianza, que es lo que más necesita un actor»).
 Y su deseo, en trabajo: debutó con Núria Espert, en Divinas palabras
Entonces aún no asomaba esa vis cómica que se ha convertido en su sello: «Un actor nunca tiene que pensar que es gracioso. El humor es algo innato, no se fabrica».

Lo demostró con Almodóvar en Qué he hecho yo para merecer esto y en Kika. Eran los años del atrevimiento: «Uy, yo tenía unas tetas preciosas, de las más bonitas que se han visto. Me han dado mucho trabajo». De los éxitos –«La fama es un resultado de algo; en mi época no había esa fascinación de ahora, que todo el mundo busca ser famoso»–. Y la complicidad con el director Manuel Iborra –«Hicimos cosas muy bonitas juntos, le he querido mucho. He vivido 34 años en pareja, pero sentía que en esta última etapa necesitaba estar sola»–, padre de su hija María. De lazos maternofiliales habla, esta vez en el teatro, con La respiración (La Abadía, Madrid, 7 a 25 de junio), de Alfredo Sanzol. «Siempre supe que el escenario era mi lugar. Mi mamá me decía: ‘Nena, lo del cine y todo eso aprovéchalo, pero el teatro no te abandonará nunca’. Fue el mejor consejo de mi carrera». ¿Y el mayor aprendizaje? No duda: «La gratitud. Hay que disfrutar de lo que se tiene”.

Esto es lo que Belén Esteban reclama a Toño Sanchís

Este martes comienza el juicio de la mediática colaboradora de Telecinco contra su exagente, al que ha demandado y pide 500.000 euros.

Juicio Belen Esteban
La colaboradora de Telecinco Belén Esteban. GTRES

 

El juicio interpuesto por Belén Esteban al que ha sido su representante Toño Sanchís está fijado para este martes. 
La mediática colaboradora de Telecinco reclama a su exagente 500.000 euros, dinero que ella considera no le fue abonado por este. 
A continuación, repasamos las cinco claves del juicio que ya antes de empezar ha dado mucho que hablar.
La denuncia a Lorant SL. Belén Esteban encabeza un procedimiento civil de reclamación de cantidad contra Lorant SL. Aunque se habla del juicio entre Belén y Toño, realmente la colaboradora de Sálvame ha interpuesto una demanda contra la sociedad, de la cual la única administradora es Lorena Romero, la mujer de Sanchís. 
Ella será la responsable de dar las explicaciones pertinentes en el tribunal y la responsable legal de la supuesta deuda del agente, a pesar de que la gestión haya sido realizada por su marido.
Toño Sanchis y Belen Esteban
Toño Sanchis con Belén Esteban cuando trabajaban juntos. GTRES

La mujer de Toño Sanchís, al banquillo. Toño Sanchís no participará en el juicio: su nombre no figura en dicha empresa demandada por lo que no tendrá que dar explicaciones al respecto al igual que tampoco está citado como testigo, por lo que el representante no tendrá que estar ni en la sala en la que se lleve a cabo el procedimiento.
Se reclaman 500.000 euros. Belén Esteban reclama 500.000 euros por trabajos realizados y no cobrados, como son las galas de Más que baile o Los ojos de Belén.
 Aunque en un principio se dio una cantidad superior a esta cifra, la colaboradora solo ha podido sustentar con documentos la cantidad inferior.
Costas de más de 100.000 euros. El precio que se ha gastado Belén Esteban en la demanda es de unos 100.000 euros. Cantidad invertida en abogados, gestores, peritos y autorías.
 Detrás de esta decisión hay más de un año de trabajo con un equipo que han convencido a la colaboradora para dar este paso.
Desestimado el acuerdo. No hay posibilidad de acuerdo previo al juicio.
 Belén Esteban confía en su verdad, por lo que ha descartado el acuerdo que intentaban lograr los abogados del agente y de su esposa.
 La colaboradora tiene la intención de ir hasta el final y de que se conozca toda la verdad.

Los desplantes de Melania Trump a su marido

No solo le negó la mano en Israel, la primera dama hace muecas de desaprobación al presidente de EE UU y ha llegado a apoyar en Twitter a quien ironiza sobre él.

Melania y Donald Trump, el 27 de mayo en Washington. AP / ATLAS
¿Hay crisis en el matrimonio Trump? 
Esa es la pregunta que se hacen muchos medios después de ver algunos de los desplantes que Melania Trump le ha hecho a su marido en público.
 El último fue la semana pasada en Israel, cuando las cámaras captaron a la primera dama de EE UU rechazando dar la mano a su marido mientras caminaban junto a Benjamín Netanyahu y su esposa, Sara, a su llegada a Israel en visita oficial. 
Varios desplantes y reacciones que ya han tenido su eco en la campaña en las redes #FreeMelania (libertad para Melania, en castellano).
El polémico 'me gusta'. Melania Trump retó a su marido a través de su cuenta de Twitter (en la que tiene 7,3 millones de seguidores) al dar a la pestaña de me gusta a un tuit y un GIF del escritor Andy Ostroy, en el que ella misma aparece el día del juramento de su marido haciendo gestos.
 "Parece que el único muro que Donald Trump ha construido es el que hay entre él y Melania Trump", dice el texto que aparece acompañando al breve vídeo en el que la primera dama sonríe cuando mira a su marido, pero cambia por completo cuando este se gira, pasando a una cara más bien de enfado o de disgusto.



En la toma de posesión. En un vídeo filmado el pasado 21 de enero durante la toma de posesión del magnate como presidente de Estados Unidos, durante la intervención del predicador cristiano Franklin Graham, Trump se giró hacia los suyos en un gesto cariñoso con su familia. 
Aunque la controversia aparece cuando el magnate recupera su posición, y la sonrisa de la primera dama se torna en la más absoluta seriedad.
Diferentes opiniones. Además, durante los primeros meses de mandato de Trump, ella se ha mantenido al  margen de las polémicas de su marido y sus primeras medidas —un veto migratorio contra seis países de mayoría musulmana, ordenar la construcción de un muro en la frontera con México o un plan de reforma sanitaria que dejaría a millones de personas sin cobertura médica—, que han generado mucha oposición en el país. Decisiones, algunas de ellas, que contrastan con el discurso de inclusión y antidiscriminación de su mujer.
Insinuaciones sexuales. Ya en la campaña se vieron los primeros síntomas del carácter de Melania Trump. 
En su primera entrevista desde el lanzamiento del vídeo que mostraba a su marido en el 2005 presumiendo de hacer insinuaciones sexuales inoportunas a mujeres, Melania Trump lo defendió y dijo que creía que había sido incitado. 
En el vídeo Trump hace comentarios vulgares sobre las mujeres, en un autobús en el que iba con el expresentador de Access Hollywood, Billy Bush, para el plató de Days of Our Lives.
 En una entrevista a Anderson Cooper de CNN, Melania Trump habla de un "lenguaje no aceptable" y se refirió a los comentarios de su marido como bromas de machos y los comparó con "dos adolescentes" hablando de mujeres.
 "A veces digo que tengo dos niños en casa", dijo. "Tengo a mi hijo y a mi marido. 
Sé cómo hablan algunos hombres y así lo vi yo". 

Mirada perdida. La primera dama de Estados Unidos y el presidente también dieron que hablar en una ceremonia pública con sus simpatizantes en el aeropuerto de Orlando Melbourne, Florida. En este multitudinario evento, al que asistieron aproximadamente 9.000 personas, según la policía, se dio una escena particular en el momento de la intervención de Melania.
 Ella se encontraba dirigiéndose al público cuando apareció por detrás Donald Trump y le tocó el brazo como una señal de respaldo, sin embargo, la esposa del mandatario perdió su mirada y no respondió con el mismo gesto. 
En otras ocasiones, ha sido Trump quien ha insistido —muchos dirían que incluso demasiado— para que ella hable en público sin querer hacerlo.
Mudanza retrasada. Melania ha postergado su mudanza a la Casa Blanca para que su hijo termine el actual curso escolar en el colegio al que asiste en Nueva York.

 

La belleza eterna de Jeff Buckley..............Por FERNANDO NAVARRO

Se cumplen 20 años de la trágica muerte de un músico irrepetible por su sensibilidad estética.

Jeff Buckley, en Atlanta, en 1994.
Jeff Buckley, en Atlanta, en 1994.
“Tu alma es bella”. Eso fue lo que una oyente le dijo a Jeff Buckley al finalizar un concierto en una cafetería de Nueva York. 
Aquel joven cantante trataba de ganar experiencia sobre los escenarios de la Gran Manzana cuando una chica de pelo oscuro, descrita por él en una entrevista al diario The New York Times en 1993, se acercó hasta él y, mirándole fijamente, tan fijo que pensaba que era para decirle algo malo, definió su música impactada por lo que había sentido. 
 Para desgracia de todos, apenas dio tiempo a escuchar los recovecos de esa alma.
 Con tan solo un disco oficial y 30 años, Buckley se fue demasiado pronto. 
Y, sin embargo, hay todavía algo sobrecogedor en su voz, como una resonancia que apacigua el paso del tiempo y cura las heridas.

No han sido pocos los que han dicho que este músico, nacido en una localidad de California, siempre ha estado sobrevalorado.
 Con más éxito comercial una vez muerto que en vida, fue elevado a los altares por parte de la prensa especializada tras su fallecimiento en 1997. 
Justo o injusto, todo aquel que se ha adentrado en las profundidades de Grace, un álbum que aparece en todas las publicaciones musicales como una obra maestra de los noventa, sale tocado. Aprecia la sensación del vértigo, siente el aliento de la existencia, bajo un aura bella y etérea.
 Cuando ya en los noventa, como ahora, muchos valores vitales parecían traducirse simplemente bajo términos materialistas, ajenos al contacto humano, Grace era como adentrarse en un bosque encantado lleno de fabulosos secretos.

Buckley llegó a convertirse en un músico extraordinario a pesar de la sombra alargada de su padre.
 Hijo del malogrado Tim Buckley, el magnífico cantautor que creó un lenguaje musical sorprendente en los sesenta con su mezcla de folk y jazz, pasó su infancia y adolescencia con su madre y su padrastro.
 La primera, una amante de los Beatles, cultivó sus inquietudes artísticas. 
El segundo, un tipo incapaz de dar tres notas con una guitarra pero con una discografía envidiable, le regalaba discos de Jimi Hendrix, Pink Floyd, The Who o Booker T. and The MG’s. 
Cuando Buckley apenas tenía nueve años, fue su padrastro quien le compró, de hecho, su primer disco de rock, Physical Graffiti de Led Zeppelin. 
La banda británica marcaría desde entonces su música en esa búsqueda premeditada de monumentalidad.
 A su padre, por el contrario, apenas le conoció.
 El mayor de los Buckley dejó a su familia al poco de publicar su primer álbum.
 Solo le vio una vez cuando Jeff tenía ocho años.
 El iconoclasta Tim se precipitó sin freno por el abismo de las drogas y el alcohol
. A los 21 años era una estrella
 A los 25 tenía problemas para conseguir contratos discográficos debido a su dependencia. A los 28 murió de una sobredosis de heroína.
La Herina se llevó a muchos de los mejores del ámbito artístico, casi todos muy jovenes.Fue su amante infernal.... 

Fue un concierto tributo a su padre lo que permitiría que Jeff entrase en el mundo de la música. 
En 1991 se organizó en Nueva York una actuación para recordar la figura de Tim Buckley en St. Ann’s, una iglesia de Brooklyn conocida por acoger eventos musicales como la presentación del Songs for Drella de Lou Reed y John Cale. 
Jeff, un músico principiante, fue invitado.
 Su estilo sorprendió a muchos.
 El cantante decidió entonces quedarse en la ciudad para desarrollar su música.
 Alquiló un apartamento en East Village, centro de la contracultura neoyorquina por el que pasaron hipsters, beatniks, hippies y punkies, y se movió por la órbita artística de St. Ann’s o el Knitting Factory, garito fundamental de la escena musical neoyorquina, cercano al legendario CBGB’s, cuya programación se basaba en el rock y el jazz y fue lugar de acogida de Sonic Youth, Cassandra Wilson, Yo La Tengo o Gil Scott Heron.

Formó parte de la banda Gods & Monsters, liderada por Gary Lucas, antiguo guitarrista de Captain Beefheart, pero no llegó al año con una formación que pecaba de anárquica y no permitía a Buckley dar con la clave de su música.
 Por su cuenta, decidió que lo mejor era instruirse en pequeños escenarios donde tocar en directo y probar sus experimentos.
 De un sitio a otro del Greenwich Village al final aterrizó en el café Sin-é, enclavado en la zona de St. Marks Place. Sin-é era un pequeño refugio para la música alternativa y terminó por hacerse un nombre en el bullicioso ambiente de la ciudad.
 Abierto por inmigrantes irlandeses, solían tocar Sinead O’Connor, The Waterboys o Shane McGowan, cantante de The Pogues.
 El día que Buckley entró por primera vez para pedir trabajo y, de paso, cantar alguna noche lo hizo con el Astral Weeks de Van Morrison bajo el brazo.
 Y, de alguna manera, los ecos de ese disco también llegarían a su música.
Decía sentirse influido por Billie Holiday, Bob Dylan, Louis Amrstrong o Judy Garland, pero Buckley guardaba también un poder místico al estilo de Van Morrison, menos visceral, más sugerente, pero igual de evocador. 
 Podía sonar como un bluesman blanco del Mississippi, como un cantante de jazz haciendo acrobacias con su voz o como un desafiante vocalista de pop lanzándose al vacío.
 Pero no sonaba como el veinteañero que era. 
Ofrecía una intimidad singular, reconfortante. 
Como el propio Morrison, las baladas románticas se transformaban en desesperados gritos de amor mientras se desprendían inquietudes de alcance sobrenatural.
 Grace, publicado en 1994, era la culminación perfecta de este viaje que te saca del cuerpo.
 Canciones como Mojo Pin, Last Goodbye o Lover, You Should've Come Over impulsan a otra dimensión.
Como escribía el crítico musical británico Seth Jacobson, en una época en que la banda sonora de la angustia juvenil estaba definida por las guitarras grunge y las camisas a cuadros, las delicadas melodías y la sensibilidad estética de Jeff Buckley le dejaban al margen de todo.
 Era atípico. Con otras referencias vitales y artísticas como Nina Simone, Edith Piaf o el cantante paquistaní Nusrat Fateh Ali Khan, Buckley, quien amparado por su apellido rechazó firmar con el gran sello Columbia Records hasta que el productor ejecutivo no oyese su música, decía que escuchó a Miles Davis decir que hay que amar verdaderamente lo que haces para hacerlo tuyo para siempre. 
Según el propio artista: “La sensibilidad no es una ñoñería. Porque una pulga aterrizando sobre un perro suena como explosión”.
Visto con el paso que da el tiempo, de alguna manera, Grace y Buckley representaban la pureza y el equilibrio perfecto en otro estado para una década marcada por el desencanto.
 Como afirmaba el historiador Howard Zinn en su libro La otra historia de Estados Unidos
“A principios de los noventa, el sistema americano parecía estar fuera de control: lo caracterizaba un capitalismo incontrolado, una tecnología incontrolada, un militarismo incontrolado, un divorcio entre el gobierno y la gente que decía representar. 
El crimen estaba fuera de control, el cáncer y el SIDA estaban fuera de control.
 Los precios, los impuestos y el desempleo estaban fuera de control. El deterioro de las ciudades y la ruptura de las familias estaban fuera de control. 

Y la gente parecía percibir esta situación”. Grace se presentaba como el refugio, donde el cuento tierno y triste permitía reencontrarse con uno mismo, mirar a través del espejo.
Como en una dramática fábula, Buckley estaba en Memphis dispuesto a grabar su segundo disco cuando con un amigo se perdió por la ciudad y terminaron a orillas del Mississippi.
 Se lanzó vestido al agua al tiempo que cantaba.
 Las fuertes corrientes del gran río lo arrastraron sin remedio. Su cuerpo sin vida apareció días después
 Como legado, más allá de sus actuaciones en el disidente East Village u otros escenarios, un EP primerizo y sesiones sueltas de grabación, solo quedaba el álbum Grace
Al igual que un artesano, moldeó una melancolía adherente a los tiempos que, por el filtro de su voz, por su propósito artístico, radiaba luz y señalaba la épica de la vida.
 En palabras del propio Buckley:
 “La música es infinita.
 Y aunque me he enamorado incontables veces con toda clase de músicas, de todas partes del mundo... siempre hay algo. 
Yo creo que simplemente se llama libertad”.
 Escuchando su versión de Hallelujah de Leonard Cohen, precedida de un suspiro, todavía hoy, la fragilidad alumbra con tanta belleza que parece que el misterio de la vida queda resuelto por ese instante libre, humano y eterno.
**Este artículo fue publicado en este periódico el 24 de agosto de 2011 y formó parte del libro del autor Acordes Rotos: Retazos eternos de la música norteamericana (66 rpm), publicado en 2012.